martes, 10 de enero de 2017

ODIO

Joder, odio echarte de menos; no puedo soportar el no tenerte ahora que te he vuelto a perder. Y es cierto, he perdido y te he perdido.
No sabes cuanto la odio, tanto o más que ella a mí. Es solo pensar en esa chica y sentir elefantes iracundos pisoteándome el estómago.

Odio haber sentido una necesidad irrefrenable de verte casi tanto como odio haberte llamado y que me salga el contestador con ese molesto 'la persona a la que está llamando no está disponible'.
Aún así he estado allí, he tocado al timbre, me he sentado en el sofá, he visto que no estaba el peluche, he ido al baño, he recorrido el pasillo, pero no, no he entrado a tu cuarto, no podía hacer frente al derrumbe inminente al saber que habías dormido ahí con ella.

Me fui y de nuevo odié. Odié querer llorar en medio de la calle por no poder hacer frente a saber que estabas con ella en el cine ni a desear ser yo quien estuviese allí contigo en su lugar, odié no poder descargar la rabia que eso suponía dándole patadas a las papeleras y odié fumar (matándome, como tú lo haces) inmóvil observando el sitio exacto donde nos despedimos la primera vez. ¡Erámos tan ilusas! Todo parecía tan perfecto, y lo era, pero ya sabes, lo jodiste, o se jodió, maldito destino.

Y al final va a ser verdad que perder y valorar van de la mano, porque hasta que no he estado en la boca del lobo sin luna no me he dado cuenta de la gran pérdida que me supones, a pesar de todo.
Tendré que sustituir mi corazón por el peluche a ver si quedan restos de ese amor que latió un día con fuerza y que ahora lleva miles de tiritas como intento fallido de curar las heridas.

Pudimos ha vencido el puede aunque no me lo crea y es que como bien me has dicho los trenes pasan, y yo no quise subirme, preferí quedarme en la estación mientras te alejabas despacio como quien no quiere irse pero tiene que hacerlo porque no le detienen.
Y ahora ella, bendita amistad, rota por lo que hice, a su parecer asqueroso y valga la hipocresía, va y lo repite.

Vuelvo a odiar. Odio estar escribiéndote y odio ser tan bipolar. Y cómo tanto me echas en cara, odio no saber nunca lo que quiero. Odio saber como empezó todo entre tú y ella, odio esa foto y odio que la hagas reír.
Odio que comenzaseis a hablar pero lo que más odio es saber que lo hicisteis por mi culpa, por tus ganas de saber lo que pasó entre ella y yo, mientras tanto me querías. Y como siempre, la que salió perdiendo fui yo, versiones en mi contra y pérdida.

Y llena de odio, odio odiarla porque implica darle mayor importancia de la que se merece.