lunes, 24 de julio de 2017

23:23

Para variar, me resulta imposible no empezar hablando de tus ojos verdes, esas ventanas al mundo en las que me perdería sin siquiera pensarlo, con ese color habitualmente usado para simbolizar la esperanza, la misma que me hizo falta para llegar a donde estamos ahora.
Cuando me miras me siento la persona más afortunada y feliz del mundo porque aunque desconozca el nivel de felicidad que puedan estar gozando otra personas no creo que ninguno sea comparable al que siento yo.
Es aún más increíble en la oscuridad, cuando sé que esas pupilas dilatadas por la falta de luz me buscan al igual que las mías, también dilatadas, te buscan a ti con la diferencia de que las tuyas pueden encontrarme mejor, debido al color claro de tu iris.
Aún recuerdo cuando te pregunté cómo veías aún sabiendo que no podría entenderlo porque no podría ver como tú y cómo tu ejemplo de la nieve del televisor me aclaro mucho la idea.
Ojalá poder ver con distintos ojos simplemente para probar la experiencia, incluyendo los del resto de animales y confirmar así que el mundo siempre depende de los ojos con los que se mire.

Me encanta cogerte de la mano y no precisamente por el acto posesivo de sentir que "eres mía", sino simplemente por el contacto. Necesito ese contacto, saber que estás a mi lado y sentirme tan tranquila y agusto que no necesite nada más.
Jamás olvidaré aquella primera vez en el coche cuando me cogiste de la mano y no podía parar de pensar en cuánto te quería y en lo feliz que me hacía estar contigo.
Utilizo todas las pestañas que se me han caído estos días para pedir que nunca me sueltes.

Me declaro fan número uno de dormir contigo porque es inefable lo que siento cuando te miro y estás a mi lado, abranzándome. Es que joder, me pareces tan sumamente preciosa a un modo únicamente entendible para mi persona que no encuentro nada a lo que compararlo porque supera todo lo antes sentido.
Hablando de fans no se puede pasar por alto el club de ellos que tiene tu cuello, el cuál lidero y del que espero ser única integrante con acceso. De nuevo he de recurrir a mi término favorito, inefable porque no puedo catalogar de otra manera a lo que siento cuando lo acaricio, tan pequeño y suave.

Puede parecer repetitivo el declarar tantas cosas como "inexpresables con palabras" pero es que es tan real la inexistencia de términos para explicar lo que siento que por eso mismo se que es amor, porque me desborda, me supera, es incontrolable e indetenible con su trono de hierro ocupado por el deseo de que no acabe y teniendo como mano el miedo a que sí lo haga.

Me gusta tu sonrisa y más aún cuando soy yo la que la provoca porque yo no sé mucho de gestos pero sé que implica felicidad y es a lo que aspiro que seas a mi lado, feliz, extremadamente feliz.
También me gusta cuando apretamos los ojos en intentos de contener todo el deseo que nos embarga en momentos en los que la frase de aquella noche viene como anillo al dedo, "no es el momento ni el lugar".
Y mejor no empezar a hablar de tus besos porque de nuevo tendría que recurrir al término que definitivamente es mi palabra favorita.
No te puedes imaginar lo deseosa que estaba de la miel que hay en mi cielo, tus labios, pero si la cantidad de picaduras de abeja que me llevé mucho antes de conseguir probarla. Ahora soy un insaciable Winnie the Pooh.
Si que podemos hablar de cuánto me encanta tu barriguita y de cómo no lo entiendes, y puedo usar el argumento de que para gustos colores y tú eres mi color favorito.

Aún puedo pasar la lengua por la cara interna de mi labio inferior y sentir tus dientes clavados en él y joder, ojalá pudiera repetir ese momento hasta el infinito, no me importaría ser víctima del eterno retorno de Nietzsche.
Sin embargo, no ocurre lo mismo con mis brazos, que se sienten vacíos al no notar la presencia de tu cuerpo ni poder rodearlo durante toda la noche. Pero no importa, saben que pronto volverán a estar anclados en ti, en tu cuerpo, sin querer volver a separarse y usan cada día en el que no estás para incrementar la fuerza con la que te abrazarán la próxima vez que estés, y les vale, porque al igual que cada parte de mi ser son felices, contigo y pueden soportar millones de esperas si al final estás tú.

Puedo pasar las horas escribiéndote y no cansarme y por mucho que tecleé jamás podré plasmarte al completo porque eres tan increíble que es imposible. 
Te quiero, y me encanta que aún siendo partícipes del mundo físico esto vaya mucho más allá.