domingo, 27 de noviembre de 2016

24 DÍAS

Has aguantado bastante, contra todo pronóstico has sido capaz de estar 24 días enteros sin escribirme un mensaje.
No pensaba que fueses capaz de aguantar tanto pero felicidades, me has sorprendido.

Al principio me dio igual, no dedicaba ni un segundo del día a pensarte, estaba muy ocupada viviendo de nuevo la libertad al máximo pero de repente te cruzaste por mi cabeza.
Me arriesgo a decir que fue el día 18, los conté, y algo se me rompió dentro. Había pasado tiempo, no demasiado, pero suficiente, ¿acaso ya no era yo quien ocupaba tus pensamientos? ¿me habrías superado al fin? ¿olvidado quizá?

Basta con repetir una acción durante 21 días para que se convierta en un hábito. 3 días más y habrías consolidado el hábito de no escribirme.

Yo no iba hacerlo, podría, pero no quise. Me negué a ser yo quien escribiese primero, y sospecho que tú sabías que no lo haría, demasiado orgullosa.
Aún así era consciente de que me hubiera bastado con enviarte uno, diciéndote que te quería, que quería que volvieses, fuese verdad o mentira, para volver a tenerte en la palma de mi mano.
No lo hice, por ti, me negué a utilizarte, a volver a darte falsas ilusiones, a desordenarte otra vez la vida, y el corazón.

Desde ese día fuiste tú la que no salía de mi cabeza, el no haberte pensado ni una vez en 18 días se convirtió en pensarte 18 veces a la hora; el no haber mirado tu foto y tu estado ni tres veces, se transformó en mirarlo tres veces al día.
A pesar de ello no te escribí, supe que realmente no te echaba de menos, simplemente me sentía sola y a la vez sorprendida de todo lo que estabas aguantando sin mí. Batías récord, las otras cayeron antes, pasé tardes y noches con ellas, pero tú resistías.

Diecinueve, veinte, veintiuno. No vas a volver, ya tendrás una "nueva vida" y seré parte de tu pasado. Veintidós. Me conviene hablarte, pero no lo haré, no quiero utilizarte, me niego a caer tan bajo. Veintitrés. Bah, ya da igual. Veinticuatro. Estoy ocupada, no pensándote.

16:22. Un mensaje tuyo. Por un momento sentí estar en el pasado, páginas atrás, cuando éramos. Volví de golpe al presente y tras intercambiar varios mensajes de drama, lo solté, como lo suelto todo últimamente, sin pensarlo mucho y tal como me pasa por la cabeza. Te dije que sabía que habías usado ese mensaje como excusa para hablarme y te felicité por haber aguantado tanto, confesándote que me sorprendía y que había estado pensándote últimamente. De nuevo me lo pusiste en bandeja, me admitiste que me habías estado echando de menos y pensando muchísimo y que cuando circulabas en el coche, nuestro coche, no podías evitar mirar alternativamente ambas aceras por si casualmente me veías caminar.

Mensaje recibido, ya he perdido el interés. Debiste aguantar más aún, volverte inalcanzable para mí, hacerme esperar cada día un mensaje que nunca llegase, permanecer de ese modo en mi cabeza, haciéndome inevitable el pensarte.
Ser difícil, al fin y al cabo, como a mí me gustan las cosas. Hacerme luchar, luchar y luchar y no conseguirte, resistirte más y más, ponerme a mí en tu palma y no al contrario.
Pero no, vuelvo a tenerte en bandeja y pierdo el interés. Odio querer lo que no tengo y al conseguirlo dejar de quererlo.



Ni contigo, ni sin ti.

viernes, 18 de noviembre de 2016

EXTERIOR

Te duele el cuello y te das cuenta de que vives en continuo estrés, por culpa de una vida urbana que desintegra el poco tiempo que tenemos en la monotonía de la rutina; se para la música y te das cuenta media hora después, a causa de los pensamientos que te abstraen de cualquier estímulo externo; sigues mirando por la ventanilla aunque es de noche y no se ve nada, únicamente para realizar la misma acción mecánica de desconexión; repasas tu vida de principio a fin tratando de encontrar una salida, alguna solución, alguna forma de mejorar, de reinventarte; te sorprende una fascinante puesta de sol y dejas de escribir inmediatamente a fin de fotografiarla; el tiempo de enfoque del móvil te traiciona y haces dos mil fotos entre las que solo habrá una medio decente; comienza a sonar esa canción y sin pensarlo dos veces la omites; pasan por tu cabeza todas las cosas que tienes que hacer y te vuelve a doler el cuello.

He aprendido a amar la soledad.
Estar sola en una pareja de asientos del autobús, con la mirada perdida a través del cristal mientras suena música en los auriculares y escribo, caminar sola por la calles de Granada, con rumbo o sin él, de noche o de día, qué más da si lo único que importa es que no hay nadie. Todos dicen estar, pero, ¿quién se queda cuando el resto se va?

Es cierto, a veces necesito estar sola, pensar, pero odio la soledad el resto del tiempo, cuando la necesidad de alguien me asfixia sin quererlo.
Hoy una profesora ha dicho que hay que ser feliz por uno mismo, sin que nuestra felicidad dependa de otra persona; pero yo no puedo ser feliz sola, quizá momentáneamente sí pero no a la larga.
Aún así sé que si tuviera a ese alguien que tanto "necesito" acabaría cansándome y me alejaría, como suelo hacer. Nadie me soportaría mucho tiempo, demasiado bipolar; a veces, no me aguanto ni yo, y mejor no hablar de comprenderme.

Y conocerme, ¿para qué?
Llevo diecisiete años conmigo, no lo he conseguido y dudo que pueda hacerlo.
Cualquier otra persona que ni siquiera pueda acceder a mis pensamientos podrá mucho menos.

Vuelve a sonar esa canción y ahora la dejas, aún te sabes la letra y recuerdas cada nota saliendo del roce de sus dedos con las cuerdas.

¿Ves? Bipolar al doscientos por ciento.

Tengo miedo.
A que mi corazón deje de latir demasiado pronto, a no conseguir mis objetivos, a fallar, a decepcionar, a no superarlo.

Se hace completamente de noche y aún quedan tres cuartos de hora para tu parada; el conductor da volantazos y te mareas.



Por volar mientras todos caminan.

viernes, 11 de noviembre de 2016

CANCIONES

Vinculadas a personas o a momentos, canciones. Es increíble como la misma canción puede significar cosas tan diferentes en función de quien la escucha que deberíamos pensarlo dos veces antes de poner alguna en presencia de otra persona.

Ahora mismo está sonando la nuestra, esa que tarareaste mientras hacías un solo de guitarra justo después de que nuestros cuerpos se fundieran en uno solo por primera y única vez. La primera canción completa que aprendiste a tocar.
A veces la paso, pero hoy la he dejado reproducirse mientras comenzaba a escribir.

Mi canción favorita, pocos saben por qué y otros tantos se asombran de que pueda tener "canción favorita", elegir una entre millones existentes. Otras me podrán gustar más, por un tiempo o para siempre, pero no es solo el hecho de gustarte la base o la letra sino los sentimientos que despierta o los recuerdos que casi sin quererlo trae de vuelta, reviviéndolos al máximo en cada segundo de esos tres minutos y pico para después acabar y dejar ese regusto amargo en el paladar, mezcla de tristeza y rabia por añorar algo que no va a regresar.
Intenso y fugaz como esa canción fue nuestro amor, dejando un vacío tan grande al acabar que se hace necesario ponerla en bucle para impedir que deje de sonar.
Ahora es un bucle interrumpido; normalmente no produce sonido alguno pero siempre acaba resurgiendo esa necesidad de darle al play de nuevo y volver a escucharla, revivirlo otra vez y tras oir la última palabra necesitar una inhalación de aire tan grande que me permita seguir avanzando volviendo a dejarte en segundo plano durantr otro tiempo indefinido, a sabiendas de que yo para ti tendré ya tan poca relevancia como el noveno plano.

Revivirte periódicamente se hace indispensable. Volviendo a necesitarte cada vez que vuelvo a estar sola o a sentirme vacía y no dispongo de ti para contártelo.
En parte te entiendo, soy demasiado rara, demasiado bipolar y complicada, yo tampoco me soporto a veces, pero lo hiciste tan bien durante ese tiempo, que pensé que nunca acabaría. Obviamente me equivoqué, todo acaba; pero al igual que pasa lo bueno, lo malo también.
Espero volver a estar bien pronto, y poder dejar de pensarte un tiempo de nuevo, mínimo hasta que vuelva a caer.

Es estúpido, vivo de ilusiones irrealizables, quizá porque nadie me ha llenado como hiciste tú cuando más lo necesitaba, nadie ha conseguido alcanzarte de momento, pero alguien lo hará, e incluso te superará, suplantando tu huella, aunque el recuerdo permanezca, aunque la canción también lo haga.

Ya no estás, ya no estamos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

ECHÁNDOTE DE MENOS

11 meses sin verte y hoy me he vuelto a acordar de ti. 11 meses hablando solo cinco días contados; días en los que como hoy, te he echado de menos y no he podido evitar madarte un mensaje, para acabar teniedo una conversación monótona, breve y sin interés.

Es increíble como puede cambiar todo de la noche a la mañana, dando por finalizadas nuestras conversaciones de todos los días a todas horas con un simple me siento solo y no sé si esto es lo que quiero.

Te fuiste, sin avisar, dejando un vacío inmenso en mí, sin nadie a quien contar mis problemas, nadie con quien hablar de galaxias y plátanos.
Te odié por ello, no debiste subirme tan alto si me ibas a dejar caer.
El espacio que ocupaste aún sigue en mi pecho, vacío, esperándote aunque sepa que no vas a volver jamás.

Hoy he leído nuestro blog, ese espacio en el que compartíamos todo: cualquier cosa que pasase por nuestra mente, un texto impactante o una de esas frases que tras leerlas te dejan un rato en shock analizante.
No debí haberlo hecho sabiendo que me iba a provocar la terrible añoranza que ahora sufro. 

También he pasado un rato pensando en aquella carta que te escribí y en tus textos que la prosiguieron, llenos de sentimientos que ojalá experimentases ahora.
Paso muchas noches con la mirada en el techo y otras muchas tardes con ella perdida a través de la ventana preguntándome si tú no me extrañarás también, si no echarás de menos hablar conmigo, estar conmigo, perdernos por las callejuelas del Albayzín y subir al mirador de San Miguel Alto, para finalmente encontrar respuesta a todo esto en la inexistencia de algún mensaje tuyo que me devuelva la esperanza. 

Quizá tú hayas podido pasar página y yo no me cruce en tus pensamientos con la suficiente fuerza para crear en ti un impulso tan fuerte que te lleve a escribirme cualquier cosa. Yo la pasé pero dejé la esquina doblada. Muchas personas han pasado por mi vida, pero ya ves, me sigo acordando de ti como el primer día.

Hace un mes y dos días fue mi cumpleaños. Sinceramente esperaba encontrar una felicitación tuya pero pasó el día y no llegó, probablemente te olvidaste; al contrario que yo, que recuerdo el tuyo como si fuese el mío. No se me fue de la cabeza cómo en el anterior estuvimos comiéndonos una bolsa enorme de chuches en aquel parque, tu sudadera y el kinder escondido que tanto me gustó.
Nunca entenderé por qué decidiste alejarte; yo también tengo épocas en las que la soledad es mi mejor compañía, pero pasan, así como esperé que pasase la tuya; algo ya improbable. No encontraré nadie como tú, y tampoco quiero hacerlo porque no estaría con esa persona por ella en sí, sino por la parte de ti que hubiese en la misma.

Aquí sigo, con el mariposario hambriento, pidiendo a gritos una dosis de (tu) amor que lo alimente por un tiempo más.