lunes, 26 de diciembre de 2016

PERDIDA

Perdida. Pérdida. ¿Viene a ser lo mismo no? Cada vez que estoy perdida, pierdo. Me pierdo, estoy perdiendo.

Ni te imaginas cuanto odio volver a echarte de menos; que no vas a volver es innegable y aunque volvieses, sé, sabemos, que no sería igual. Porque las cosas no pasan dos veces y que lo nuestro es pasado, pasó, es un hecho, principio indemostrable, axioma del presente.
No me queda más que aceptarlo e intentar pasar página, o mejor aún, cambiar de libro, esconder el tuyo y hacer como que se me olvida dónde está.

Lo juro, lo he intentado, pero siempre acabo perdiéndome en él de nuevo, ¡y cómo no!, perdiendo.
Quiero seguir pensando que lo superaré, que dejaré de sentir la necesidad de releer nuestras conversaciones sintiéndome estúpida por no haberte valorado lo suficiente. Que dejaré de verte en cada foto semi-profesional (a nuestra manera) que haga (como la de abajo), mi fotógrafo particular.
Prometo que tendré cojones de volver al mirador de San Miguel Alto y no sentarme en nuestro escalón. Que será 22 de noviembre, 15 de febrero o 17 de julio y ni me percataré, serán días cualquiera. Que podré abrir el armario, ver tu sudadera y tu gorro y no sentir los ojos más húmedos de lo normal.
Prometo que se me pasará, que pasarás, no por otro intervalo de tiempo sino para siempre.

Y es que siempre vuelves (¡mentira! nunca has vuelto, solo es tu recuerdo) y cuando quiero darme cuenta vuelvo a estar hundida en ti.
Te necesito para salir de este pozo en que te has convertido (tu recuerdo), ¡qué irónico!

Ya hace un año, un puto año, 365 días y sigo como el primero. No has vuelto ni una vez mientras yo he retrocedido incontables. Merecido, por no haber valorado una mierda.

Me pierdo y lo pierdo todo en el laberinto de mi cabeza sin tener más escape que escribir, vía alternativa, escupir palabras y teclear sin fin alguno mas que el desahogo.
No encuentro la salida. Te necesito para volar y verlo todo en otra perspectiva, hacer un plano aéreo del laberinto y buscar el 'exit' o más bien la salida de emergencia.
'Por volar mientras todos caminan'; prometo que pasaré por ese paso de peatones y ni será de noche ni tendrá que salvarme de la pérdida, de perderme.

Juro que serás pasado, que no te necesitaré para encontrarme, que no desearé tu regreso. Juro que me curaré (de ti, y de eso).





Échandote de menos, mientras me echas de más.

jueves, 22 de diciembre de 2016

RETORNO

Comencé a caminar. Iba a verte de nuevo.
Como en las últimas veces, habíamos quedado únicamente por tu insistencia en que tenías algo que darme.

Me sentía comprada pero yo también quería sorprenderte así que compré cosas que sabía que te encantarían y papel de regalo, el más bonito que había, y lo envolví todo antes de salir.

No quise coger el bus así que recorrí a pie media Granada.
Llegué.
Te esperé. Me asustaste al aparecer. Odio esperar y no saber por donde vendrá quien espero, y efectivamente así pasó, esperé mirando hacia la derecha y me sorprendiste por la izquierda.

Fuimos a tu piso y me lo enseñaste, sin dejar de lado las indirectas en cada instante de la conversación.
Te di el regalo, te sorprendiste mucho, lo abriste y lloraste. Me sentí mal, esta era la segunda vez que te veía llorar, siendo la primera cuando te dejé.
Pasaron las horas y tenías que ir a trabajar. Yo aún tenía tiempo así que te acompañé.

Y joder, estabas tan jodidamente preciosa trabajando de camarera que a bocajarro se introdujo en mi cabeza un deseo irrefrenable de volver a besarte.
Habían pasado meses desde la última vez, estabas conociendo a otra chica, habías besado a otras, yo también; no estaba segura de si me seguirías.

No podía apartarlo de mi mente, estaba comiéndome unos nachos con queso cortesía de la camarera y me resultaba imposible retirar los ojos de ti.
Llegó tu jefa, notó algo extraño, y en breves me echaría si no me iba yo misma.
Aproveché unos minutos en los que bajó a por cerveza para despedirme de ti y ¡zas!, tus labios volvieron a derretirse en los míos.

Me fui. Cuando llevaba recorrida la mitad de la calle saliste y me gritaste "capulla" sonriendo. Te miré y sin decir nada seguí mi camino. Te dejé con ganas de más, como siempre, innagotable.

Te quedaste paralizada. Quizá si que sea una capulla, es cierto, volví a romperte los esquemas, estaba de vuelta en tu cabeza, enredé aún más los cables.
Lástima, es lo que hay.

No entendías por qué siempre acabábamos besándonos pero es obvio, tal cual te lo dije, nos seguíamos gustando a pesar de todo.
Me atrevería a asegurar que si te digo que te quiero vuelves a dejarlo todo por mí, pero no quiero volver a hacerte daño y yo no puedo asegurarte nada con futuro.

Te odio cada vez que recuerdo lo que me hiciste, el mayor error, quizá por lo que lo nuestro no funcionó.
Te amo cada vez que nos fundimos en un beso.
Te odio cada vez que discutimos.
Te amo cada vez que te veo.
Te odio cuando no me entiendes y te pones en mi contra.
Te amo cuando sigo siendo lo sufieciente en tu vida como para que me regales algo.
Te odio cuando piensas mal de mí.
Te amo cada vez que leo tus cartas.
Te odio cuando besas a otras.
Te amo cuando me mandas canciones que vienen a decir que no puedes olvidarme y que nunca lo harás.
Te odio cuando finges que ya no te importo.
Te amo cuando vuelves a mí.


Te [am{o]dio}.

sábado, 17 de diciembre de 2016

ARTE

Eres arte y no lo sabes, ni siquiera lo sospechas.
¿En qué momento y cómo se decide lo que es arte?

Catalogar algo como arte implica destinarlo únicamente a la observación, abstraerlo del mundo material y elevarlo a un nivel superior. Y eso es lo que hago contigo, te observo, e incluso te sueño.
Jamás te poseeré, ni quiero hacerlo porque ya sabemos que en el momento en el que lo hiciese dejaría de verte como arte y descenderías rápidamente hacia un nivel inferior.

¿Es lo que pasa siempre no? Conseguir algo que quiero y dejar de quererlo son dos estados tan diferentes que, viviendo entre caos, contradicción y bipolaridad, se suceden inmediatamente, pasando de lo primero a lo segundo en una porción mínima de tiempo.

Por eso no te conseguiré y seguiré observando tus facciones y proporciones como lo que son, arte en el relativismo de la belleza.
La elegancia de tus movimientos mientras me bailas cada canción nueva con tus ojos brillantes fijos en los míos que te observan como los del ciego que ve el mundo por primera vez.
Caminar de tu mano sintiéndome torpe mientras tú miras a los demás con superioridad por llevar a lo mejor del mundo a tu lado sin saber que eso mismo eres tú y la afortunada soy yo.
Que acerques peligrosamente tus labios a los míos y que cuando estén a punto de fundirse los retires.
Tener que volver a convencerme de que eres arte y no te puedo tocar.

Es innegable, me gusta observarte.
De poseerte ya se encargan mis sueños.

No eres como las demás, no eres común, he ahí lo que te convierte en arte.
Me fascina que no te dejes influenciar por quien me quiere hundir así como que la hayas calado, a ella y a otras tantas, desde el primer día. Me encanta que "estemos en todo" como tú lo llamas y tener nuestro lenguaje personal. Me gusta que me digas que soy muy grande y valgo mucho cuando tú eres enorme y vales más. Innefable es tu sonrisa y dos idiotas hipnotizados mis ojos cuando tienen el placer de observarla.

Me atrevo a sospechar con convicción que la forma en la que te veo es la misma en la que tú me ves a mí.
Y así es como [sobre]viven dos corazones enamorados que no se atreven a fundirse por considerarse cada uno inferior al otro.

ARTE x ARTE = X, ecuación de segundo grado en la que X puede adquirir dos valores: X = caos o X = perfección.
Dos posibles soluciones matemáticas, una única opción en la realidad y ninguna nos atrevemos a formular la ecuación, siendo necesario únicamente un beso en el que nos volvamos una para efectuar la multiplicación.
Quizá por miedo a la perfección o con más probabilidad, por temor al caos.
Por negarnos a dejar de observarnos como arte individual.

Sea como sea de momento me conformo con am[arte]. Sin tenerte.




Deseándote.

sábado, 3 de diciembre de 2016

SOPLA

Comenzaste como comienzan las grandes cosas, sin esperarlo y a bocajarro.
Implacable, me haces volver al laberinto de la indecisión, dulce introducción al caos. De vuelta en el centro de la carretera, con miles de vehículos aproximándose a velocidades vertiginosas y sin saber si correr hacia el arcén derecho o hacia el izquierdo.

Sin quererlo, sin haberlo pensado siquiera, aquí estoy, escribiéndote.
Tengo miedo, miedo a que acabe algo que ni siquiera ha empezado, a volver a vivir de ilusiones y caer desde más alto aún.

Sin permiso te has instalado en mi cabeza y no consigo sacarte, aunque miento si digo que lo intento, porque no, no lo hago, no quiero que salgas de ahí.
No tengo ni idea de como has conseguido introducir larvas de mariposa en mi estómago, pero te odio por ello. Están a punto de completar la metamorfosis y joder, me acojona que cuando salgan revienten el mariposario.

No me gusta sentirme tan jodidamente patética esperando un mensaje tuyo en ese jod[bendito]ido grupo.
Tan indirectamente directo.

Te has convertido en mi deseo [ir]realizable pero es tu culpa, por alimentar al monstruo que se moría de hambre, por ilusionar a la desilusión personificada, por darme esperanzas que ojalá no sean falsas.

Deseo no ser de "usar y tirar" para ti; ya sabes a lo que me refiero.
Deseo que te quedes, y quedarme, que seas, que seamos.
Me atrevo a suplicarle al destino que escriba nuestra historia, con altibajos, complicaciones, baches, obstáculos, caídas, con toda la mierda que quiera meterle de relleno, pero que sea nuestra, tan perfectamente imperfecta como nosotros.
Me da igual que sea difícil, es más, mejor si lo es, cuanto más duro sea el camino, mayor será la gloria. Y quiero que seas mi gloria, ya lo he decidido.

Solo puedo seguir deseando; que no me uses, que no te canses, que no me desilusiones ni me dejes caer, que me desees, que sigas construyendo el camino con esas tonterías, que nunca se acabe y que no falles. Si tuviera delante un diente de león te pediría; como se pide lo que más se desea, cerrando fuertemente los ojos, apretando un párpado sobre otro.

Y como no vas a leer esto me permito gritártelo, como se grita en prosa, en mayúsculas: ME ENCANTAS.

No lo sabes pero ya estás plasmado en tecleos, te he concedido el privilegio de perdurar, como ojalá lo hagamos no[s]otros si el destino se atreve a escribirnos.



Sopla y desea.

domingo, 27 de noviembre de 2016

24 DÍAS

Has aguantado bastante, contra todo pronóstico has sido capaz de estar 24 días enteros sin escribirme un mensaje.
No pensaba que fueses capaz de aguantar tanto pero felicidades, me has sorprendido.

Al principio me dio igual, no dedicaba ni un segundo del día a pensarte, estaba muy ocupada viviendo de nuevo la libertad al máximo pero de repente te cruzaste por mi cabeza.
Me arriesgo a decir que fue el día 18, los conté, y algo se me rompió dentro. Había pasado tiempo, no demasiado, pero suficiente, ¿acaso ya no era yo quien ocupaba tus pensamientos? ¿me habrías superado al fin? ¿olvidado quizá?

Basta con repetir una acción durante 21 días para que se convierta en un hábito. 3 días más y habrías consolidado el hábito de no escribirme.

Yo no iba hacerlo, podría, pero no quise. Me negué a ser yo quien escribiese primero, y sospecho que tú sabías que no lo haría, demasiado orgullosa.
Aún así era consciente de que me hubiera bastado con enviarte uno, diciéndote que te quería, que quería que volvieses, fuese verdad o mentira, para volver a tenerte en la palma de mi mano.
No lo hice, por ti, me negué a utilizarte, a volver a darte falsas ilusiones, a desordenarte otra vez la vida, y el corazón.

Desde ese día fuiste tú la que no salía de mi cabeza, el no haberte pensado ni una vez en 18 días se convirtió en pensarte 18 veces a la hora; el no haber mirado tu foto y tu estado ni tres veces, se transformó en mirarlo tres veces al día.
A pesar de ello no te escribí, supe que realmente no te echaba de menos, simplemente me sentía sola y a la vez sorprendida de todo lo que estabas aguantando sin mí. Batías récord, las otras cayeron antes, pasé tardes y noches con ellas, pero tú resistías.

Diecinueve, veinte, veintiuno. No vas a volver, ya tendrás una "nueva vida" y seré parte de tu pasado. Veintidós. Me conviene hablarte, pero no lo haré, no quiero utilizarte, me niego a caer tan bajo. Veintitrés. Bah, ya da igual. Veinticuatro. Estoy ocupada, no pensándote.

16:22. Un mensaje tuyo. Por un momento sentí estar en el pasado, páginas atrás, cuando éramos. Volví de golpe al presente y tras intercambiar varios mensajes de drama, lo solté, como lo suelto todo últimamente, sin pensarlo mucho y tal como me pasa por la cabeza. Te dije que sabía que habías usado ese mensaje como excusa para hablarme y te felicité por haber aguantado tanto, confesándote que me sorprendía y que había estado pensándote últimamente. De nuevo me lo pusiste en bandeja, me admitiste que me habías estado echando de menos y pensando muchísimo y que cuando circulabas en el coche, nuestro coche, no podías evitar mirar alternativamente ambas aceras por si casualmente me veías caminar.

Mensaje recibido, ya he perdido el interés. Debiste aguantar más aún, volverte inalcanzable para mí, hacerme esperar cada día un mensaje que nunca llegase, permanecer de ese modo en mi cabeza, haciéndome inevitable el pensarte.
Ser difícil, al fin y al cabo, como a mí me gustan las cosas. Hacerme luchar, luchar y luchar y no conseguirte, resistirte más y más, ponerme a mí en tu palma y no al contrario.
Pero no, vuelvo a tenerte en bandeja y pierdo el interés. Odio querer lo que no tengo y al conseguirlo dejar de quererlo.



Ni contigo, ni sin ti.

viernes, 18 de noviembre de 2016

EXTERIOR

Te duele el cuello y te das cuenta de que vives en continuo estrés, por culpa de una vida urbana que desintegra el poco tiempo que tenemos en la monotonía de la rutina; se para la música y te das cuenta media hora después, a causa de los pensamientos que te abstraen de cualquier estímulo externo; sigues mirando por la ventanilla aunque es de noche y no se ve nada, únicamente para realizar la misma acción mecánica de desconexión; repasas tu vida de principio a fin tratando de encontrar una salida, alguna solución, alguna forma de mejorar, de reinventarte; te sorprende una fascinante puesta de sol y dejas de escribir inmediatamente a fin de fotografiarla; el tiempo de enfoque del móvil te traiciona y haces dos mil fotos entre las que solo habrá una medio decente; comienza a sonar esa canción y sin pensarlo dos veces la omites; pasan por tu cabeza todas las cosas que tienes que hacer y te vuelve a doler el cuello.

He aprendido a amar la soledad.
Estar sola en una pareja de asientos del autobús, con la mirada perdida a través del cristal mientras suena música en los auriculares y escribo, caminar sola por la calles de Granada, con rumbo o sin él, de noche o de día, qué más da si lo único que importa es que no hay nadie. Todos dicen estar, pero, ¿quién se queda cuando el resto se va?

Es cierto, a veces necesito estar sola, pensar, pero odio la soledad el resto del tiempo, cuando la necesidad de alguien me asfixia sin quererlo.
Hoy una profesora ha dicho que hay que ser feliz por uno mismo, sin que nuestra felicidad dependa de otra persona; pero yo no puedo ser feliz sola, quizá momentáneamente sí pero no a la larga.
Aún así sé que si tuviera a ese alguien que tanto "necesito" acabaría cansándome y me alejaría, como suelo hacer. Nadie me soportaría mucho tiempo, demasiado bipolar; a veces, no me aguanto ni yo, y mejor no hablar de comprenderme.

Y conocerme, ¿para qué?
Llevo diecisiete años conmigo, no lo he conseguido y dudo que pueda hacerlo.
Cualquier otra persona que ni siquiera pueda acceder a mis pensamientos podrá mucho menos.

Vuelve a sonar esa canción y ahora la dejas, aún te sabes la letra y recuerdas cada nota saliendo del roce de sus dedos con las cuerdas.

¿Ves? Bipolar al doscientos por ciento.

Tengo miedo.
A que mi corazón deje de latir demasiado pronto, a no conseguir mis objetivos, a fallar, a decepcionar, a no superarlo.

Se hace completamente de noche y aún quedan tres cuartos de hora para tu parada; el conductor da volantazos y te mareas.



Por volar mientras todos caminan.

viernes, 11 de noviembre de 2016

CANCIONES

Vinculadas a personas o a momentos, canciones. Es increíble como la misma canción puede significar cosas tan diferentes en función de quien la escucha que deberíamos pensarlo dos veces antes de poner alguna en presencia de otra persona.

Ahora mismo está sonando la nuestra, esa que tarareaste mientras hacías un solo de guitarra justo después de que nuestros cuerpos se fundieran en uno solo por primera y única vez. La primera canción completa que aprendiste a tocar.
A veces la paso, pero hoy la he dejado reproducirse mientras comenzaba a escribir.

Mi canción favorita, pocos saben por qué y otros tantos se asombran de que pueda tener "canción favorita", elegir una entre millones existentes. Otras me podrán gustar más, por un tiempo o para siempre, pero no es solo el hecho de gustarte la base o la letra sino los sentimientos que despierta o los recuerdos que casi sin quererlo trae de vuelta, reviviéndolos al máximo en cada segundo de esos tres minutos y pico para después acabar y dejar ese regusto amargo en el paladar, mezcla de tristeza y rabia por añorar algo que no va a regresar.
Intenso y fugaz como esa canción fue nuestro amor, dejando un vacío tan grande al acabar que se hace necesario ponerla en bucle para impedir que deje de sonar.
Ahora es un bucle interrumpido; normalmente no produce sonido alguno pero siempre acaba resurgiendo esa necesidad de darle al play de nuevo y volver a escucharla, revivirlo otra vez y tras oir la última palabra necesitar una inhalación de aire tan grande que me permita seguir avanzando volviendo a dejarte en segundo plano durantr otro tiempo indefinido, a sabiendas de que yo para ti tendré ya tan poca relevancia como el noveno plano.

Revivirte periódicamente se hace indispensable. Volviendo a necesitarte cada vez que vuelvo a estar sola o a sentirme vacía y no dispongo de ti para contártelo.
En parte te entiendo, soy demasiado rara, demasiado bipolar y complicada, yo tampoco me soporto a veces, pero lo hiciste tan bien durante ese tiempo, que pensé que nunca acabaría. Obviamente me equivoqué, todo acaba; pero al igual que pasa lo bueno, lo malo también.
Espero volver a estar bien pronto, y poder dejar de pensarte un tiempo de nuevo, mínimo hasta que vuelva a caer.

Es estúpido, vivo de ilusiones irrealizables, quizá porque nadie me ha llenado como hiciste tú cuando más lo necesitaba, nadie ha conseguido alcanzarte de momento, pero alguien lo hará, e incluso te superará, suplantando tu huella, aunque el recuerdo permanezca, aunque la canción también lo haga.

Ya no estás, ya no estamos.

jueves, 10 de noviembre de 2016

ECHÁNDOTE DE MENOS

11 meses sin verte y hoy me he vuelto a acordar de ti. 11 meses hablando solo cinco días contados; días en los que como hoy, te he echado de menos y no he podido evitar madarte un mensaje, para acabar teniedo una conversación monótona, breve y sin interés.

Es increíble como puede cambiar todo de la noche a la mañana, dando por finalizadas nuestras conversaciones de todos los días a todas horas con un simple me siento solo y no sé si esto es lo que quiero.

Te fuiste, sin avisar, dejando un vacío inmenso en mí, sin nadie a quien contar mis problemas, nadie con quien hablar de galaxias y plátanos.
Te odié por ello, no debiste subirme tan alto si me ibas a dejar caer.
El espacio que ocupaste aún sigue en mi pecho, vacío, esperándote aunque sepa que no vas a volver jamás.

Hoy he leído nuestro blog, ese espacio en el que compartíamos todo: cualquier cosa que pasase por nuestra mente, un texto impactante o una de esas frases que tras leerlas te dejan un rato en shock analizante.
No debí haberlo hecho sabiendo que me iba a provocar la terrible añoranza que ahora sufro. 

También he pasado un rato pensando en aquella carta que te escribí y en tus textos que la prosiguieron, llenos de sentimientos que ojalá experimentases ahora.
Paso muchas noches con la mirada en el techo y otras muchas tardes con ella perdida a través de la ventana preguntándome si tú no me extrañarás también, si no echarás de menos hablar conmigo, estar conmigo, perdernos por las callejuelas del Albayzín y subir al mirador de San Miguel Alto, para finalmente encontrar respuesta a todo esto en la inexistencia de algún mensaje tuyo que me devuelva la esperanza. 

Quizá tú hayas podido pasar página y yo no me cruce en tus pensamientos con la suficiente fuerza para crear en ti un impulso tan fuerte que te lleve a escribirme cualquier cosa. Yo la pasé pero dejé la esquina doblada. Muchas personas han pasado por mi vida, pero ya ves, me sigo acordando de ti como el primer día.

Hace un mes y dos días fue mi cumpleaños. Sinceramente esperaba encontrar una felicitación tuya pero pasó el día y no llegó, probablemente te olvidaste; al contrario que yo, que recuerdo el tuyo como si fuese el mío. No se me fue de la cabeza cómo en el anterior estuvimos comiéndonos una bolsa enorme de chuches en aquel parque, tu sudadera y el kinder escondido que tanto me gustó.
Nunca entenderé por qué decidiste alejarte; yo también tengo épocas en las que la soledad es mi mejor compañía, pero pasan, así como esperé que pasase la tuya; algo ya improbable. No encontraré nadie como tú, y tampoco quiero hacerlo porque no estaría con esa persona por ella en sí, sino por la parte de ti que hubiese en la misma.

Aquí sigo, con el mariposario hambriento, pidiendo a gritos una dosis de (tu) amor que lo alimente por un tiempo más.

lunes, 31 de octubre de 2016

AMOR FORZADO

Ojalá pudiera quererte. Ahora sé que nadie me va a querer como tú pero por más que lo intento no puedo forzar a mi corazón a sentir amor por ti ni a mi estómago a fabricar mariposas en tu nombre. No somos compatibles, jamás encajaríamos pero aún así me gustaría  poder quererte y así suplir la necesidad de alguien que me quiera y a quien querer.

Sé cuanto te arrepientes, pero es irremediable, el pasado no se puede cambiar; yo te puedo perdonar pero no olvidarlo y se convertirá en esa mierda que salga en cualquier discusión, argumento a mi favor que te golpeará donde más te duele.
No quiero, paso de usarlo como comodín para volver cualquier situación a mi favor golpeándote la garganta con el puño de fuego de la impotencia de no poder arreglarlo.
De todas formas no funcionaría, no porque no fuese capaz de dejar el pasado a un lado sino porque yo no quiero un futuro a tu lado y antes de usarte como algo temporal prefiero no hacerte perder el tiempo aunque ahora sufras por una flecha envenenada del maldito Cupido. Pensándolo bien es un gran detalle por mi parte.

Podría haberte pagado con la misma moneda pero, ¿para qué?: doble pérdida de tiempo.
Mi plan fue mucho mejor, vengativa de nacimiento, nada comparable a la sensación que conservas de haber perdido para siempre a lo mejor que te ha pasado en la vida. Sensación que conservarás hasta la tumba y que te araña cada día el corazón. Intentos vanos de recuperarme y chantajes que no funcionan.

Considerándolo un juego empecé perdiendo, repleta de mariposas construí castillos en el aire. Esperadamente o no, fallaste en la que pudo haber sido tú jugada maestra. Aún así ciega por el peso de los ladrillos continué vencida. Te creíste en la meta y confiada creaste la peor distribución de piezas posible que, una vez eliminado el peso que me aplastaba, exprimí al máximo hasta finalizar ganándote por goleada.
Acabaste tirada en el césped como la lechera a la que la ruptura del cántaro le trajo el derrumbe de todos sus sueños.

Fallaste, y los fallos se pagan.

domingo, 30 de octubre de 2016

NECESIDAD

Alguien. Necesito alguien que esté a mi lado, a quien poder contarle cualquier cosa que pase por mi mente sin tener que pensarlo dos veces, alguien que vea todos mis defectos y aún así se quede.
Que sea capaz de aguantar mi bipolaridad, mis impulsos, mi malhumor, mis ataques de risa, mis chistes malos, mis ironías; todas esas cosas que me conforman y sin las que no sería yo.

Alguien con quien poder dejar todas las máscaras a un lado, que no me importe que me vea despeinada o llorando porque sepa que me va a seguir queriendo igual.
Hablarle de universos paralelos, relatividad, condicionamientos, dinosaurios, unicornios con tres cabezas vomitando arcoiris y que me escuche. Que me hable de campos electromagnéticos, evolución, genética, cíclopes con cuatro brazos dibujando pajaritos y escucharle.

Quedarnos los domingos en el sofá viendo una película y comiendo de todo y que no le importe engordar por un día. Que llueva y salir a mojarnos y a saltar en los charcos como si no hubiera un mañana. Caminar por la calle de la mano sin importar lo que diga el resto. Que haya una lluvia de estrellas, subir a una montaña, tumbárnos y contemplar el cielo mientras hablámos de cualquier cosa. Un baño de espuma. Leer el mismo libro. Intentar convertirla en palabras y fracasar porque sea inefable.

Alguien con quien compartir miles de momentos, alguien que me marque, que deje su huella imborrable en mi cuerpo.
Que tenga el poder de hacerme el máximo daño posible porque lo sepa todo de mi y no lo haga porque me quiera.
Alguien a quien dedicarle los insomnios y las llamadas de madrugada. Que odie el 14 de febrero por ser un día comercial pero que quiera celebrarlo los 364 días restantes. Regalarle una sudadera y que se ponga tan nerviosa que se la ponga del revés. Cantar en la ducha y concursar por la palma a la que más desafina. Que se coma mi comida por picarme y acabar comiéndomela a ella a besos como venganza. Coger el bus, pasarnos la parada y que no me importe porque está conmigo. Que me quite el hambre al llenar mi estómago de mariposas. Que sea el único vicio comparable al cigarrillo. Echarla de menos aunque solo haga un par de horas que se haya ido.

Quererla, quererla muchísimo y ser capaz de hacer lo que sea por verla con una sonrisa en la cara. Que me quiera. Sentir su apoyo; apoyarla. No pasar frío, que llene mi vacío. Dejar de soñarla y que esté en mi realidad.

miércoles, 12 de octubre de 2016

DÍAS GRISES

Las nubes, uniformes y bicolores se atreven por fin a ocultar el Sol, único ojo del cíclope cielo mientras alternan tonos grises y blancos. Sin aviso dejan caer todo lo que han ido acumulando, descargando así el gran peso soportado y convertido en moléculas dipolares de H2O que al entrar en contacto con el suelo se expanden finalizando su caída.

Nuestro amor era el verano, que llega a su fin, dejando paso al abrumador otoño. La gama de azules es sustituida por la de ocres.
No dejes que mi frío te machaque los huesos, aléjate de mí y deja de volver atrás para tropezar indefinidamente con la misma piedra. No puedo más, un error podría merecer una segunda oportunidad, pero dos no, paso de repetir infinitamente el mismo ciclo. Debiste pensar antes de introducir en nuestro puzzle, piezas pertenecientes a otros.

Construímos castillos sobre nubes, sin pensar en que en breve se disolverían, provocando la inevitable caída de nuestras edificaciones.
Tras intentar arreglarlo todo con amenazas, supuestamente falsas pero que calan probaste a comprarme, pero cielo, aquello que tanto dolió no se olvida con una rosa y una caja de bombones.
Acéptalo, llevo bastante tiempo siguiendo un camino diferente al tuyo y dudo que el destino tenga intención de volverlos a unir en un futuro.

No hagas una montaña de un grano de arena, lo vas a superar en mucho menos de lo que puedas creer, lo afirmo por experiencia. Somos blanco y negro, luz y oscuridad, vida y muerte, soledad y compañía; contrarios que no pueden existir a la vez.
No quiero tener que repetírtelo más, entíendelo o no lo entiendas pero déjame volar, nunca conseguirás meterme en esa jaula que te empeñas en decir que es la mejor para mí, cuando ambas sabemos que no es así.

Sé consciente de que seguir tras alguien que cada vez se aleja más es peor para ti, te duele mientras a mí me es indiferente; y es que, lo contrario del amor no es el odio, sino la indiferencia.
Nunca seremos el gris.

sábado, 1 de octubre de 2016

VACÍO

Vacío. La nada rodea cada parte de mi cuerpo mientras contradigo a Parménides al afirmar su existencia. Deseo que sea una mera invención de mis sentidos, legitimizando a la razón.

Sobresaltada separo los párpados con brusquedad tras sentir una caída interminable y el vacío deja de rodearme para introducirse en mi estómago y convertirse en un ocupa sin contrato de alquiler. Odio sentir su presencia en cada acto, momento y lugar, eclipsando al resto de sentimientos y emociones.

Una necesidad continua de soledad me persigue a lo largo de los días llenos de gente, palabras y te quieros incesantes que me agobian. Escapa a mi capacidad de entendimiento su incapacidad de comprender que quiero estar alejada de todo y todos durante un tiempo, sin ataduras ni vínculos.

"Estoy sola, luego pienso" como sustituyente de "Pienso, luego existo". Amando la soledad por permitirme buscar la salida de ese laberinto que habita en mi cabeza, dejándome analizarlo todo sin cuestionamientos ni reproches y dándome la libertad de plasmar lo que quiera en el papel, o en el teclado, ahora.

Asombrosa capacidad que posee mi cerebro la de cambiar de un sentimiento a otro en unos minutos, sin previsión ni alerta, llegando a alternar incluso los más contrarios; bipolaridad lo llaman. Irritabilidad constante con ciertos conjuntos cuerpo-alma por su tendencia a estresar al mío. Impulsos que rigen mi camino hacia la decadencia, y de nuevo, vacío.

viernes, 2 de septiembre de 2016

AUTOPROMESAS

Un día me despertaré y ya no serás mi primer pensamiento al abrir los ojos. Dejarás de ocupar mi mente cada segundo y me daré el privilegio de expulsarte del mundo de mis sueños como tu hiciste conmigo en el 'real'.

Olvidaré la letra de las canciones que me dedicaste y al escucharlas no me sonarán a ti. Pasaré por cada uno de los sitios que establecimos como 'nuestros' y no desearé tu presencia. Miraré tus fotos, las mías que también eran tuyas y las nuestras y serán solo el recuerdo de un fuego incapaz de reavivarse.

Saldrás de trabajar y no encontrarás ningún mensaje mío, porque ya no sentiré la necesidad de escribírtelo. Releeré las conversaciones y quizá acuda la nostalgia pero no pasará de ahí.

Has vuelto a romper las promesas a pesar de tanto convencerme de que no lo harías.
Lo esperaba, aunque aún así te di esa segunda oportunidad que aparentemente tanto me demostraste merecer. No habías cambiado, ni mucho menos y si lo habías hecho, había sido a peor. No va a haber tercera; dos es suficiente, tres son multitud. ¿Pará qué? No tienes nada nuevo que ofrecerme ni yo a ti, lo hemos desgastado, abrimos la caja de sorpresas demasiado rápido y sin valorarlas.

Están muertas, las has matado a pesar de haberlas alimentado tanto en un principio. Les has cortado las alas y ya no podrán volver a ascender por el estómago recorriendo la ruta desde las costillas flotantes a las verdaderas, para llegar al corazón.
No te preocupes, así es el ciclo de la vida y yo me encargaré personalmente de enterrar cada una de esas nueve mariposas.

Poco a poco el oleaje será capaz de erosionar esa huella que dejaste hasta borrar por completo toda marca de su existencia, y entonces podré decir que te he superado.
Olvidado jamás porque me guste o no siempre serás parte de mi pasado pero llegará el momento en el que el sonido de tu nombre no hará a las mariposas retorcerse bajo tierra.
El tiempo hará su trabajo tarde o temprano.

Me prometo que pasaré página y de no ser posible, quemaré el libro, nuestro libro, ese que creíamos sin final, pero que aquí está, limitado, como todo y todos.

MENTIR

Sin quererlo un día mientes, a pesar de haberte convencido de que no lo harías nunca. Imprudente, sin pensar en las consecuencias que podría tener, elaboras y emites una pequeña mentira que modifica un poco los hechos y los vuelve a tu favor.
Un sabor amargo invade tu boca, juras y perjuras no volverlo a hacer.
Pasa un tiempo, ya ni recuerdas esa primera mentira y sin pensarlo, lo vuelves a hacer.

Pero ahí no acaba la cosa, poco a poco o con una velocidad vertiginosas las pequeñas mentiras empiezan a crecer y a ser cada vez más frecuentes. Te has dado cuenta de que mientras sean creíbles están de tu lado y te ayudan a aparentar ser mejor de lo que eres.
Cada vez más elaboradas, con más tergiversación de la verdad.

Y un día no encaja una pieza de ese enorme puzzle que es tu mentira y se desmorona, te desenmascaran, cayendo todas una tras otra, poniendo en duda también todas las verdades.

Es tarde, no puedes arreglar nada, cuanto más mientes más empeora, solo te queda resignarte a aceptar la opinión que tendrán de ti toda tu vida, un mentiroso.

domingo, 28 de agosto de 2016

INEFABLEMENTE TÚ

Dices que las dudas se me han ido rápido, es verdad, pero es que me basta con verte para disiparlas todas.
Tu mirada me mueve el mundo y me hace no pensar ni necesitar nada ni a nadie más. Estando contigo, todo me vale, no importa el lugar ni el momento. Tú eres mi mundo y mi vida, tienes esa magia que me hace olvidarme de todo; ojalá poder detener el tiempo cuando estamos juntas, porque esas horas se vuelven minutos que se nos escapan fugaces entre los dedos.

Entrelazar tu mano con la mía, no por posesión sino por sentir el contacto, la conexión que me une a ti y que espero que nunca se rompa. Recorrer tus brazos y tu espalda con mis dedos y sentirme en deuda con el destino por haber puesto en mi vida a alguien tan maravillosa como tú.
Ser el peor GPS, que nos perdamos por mi culpa y que siempre encuentres el camino correcto, aunque que todos lo son si estoy a tu lado.
La sonrisa a mitad del beso, tus besos, esos que definiría como la creación más bonita del universo y que me hacen sentirme parte de ti al fundirnos en ellos.
Que estemos en un sitio transitado y te enfades porque nos cortan el rollo, que te quiten el aparcamiento o no poder incorporarte a la carretera porque no hay ningún alma caritativa que te deje pasar.
Momentos únicos, los mejores porque son contigo y con nadie más. Porque pase lo que pase nadie ocupará tu lugar y es que dicen que por corto que sea el camino quien pisa fuerte deja huella aunque espero que el nuestro sea muy largo, y que si hay baches seamos capaces de superarlos juntas.

Por esas veces que nos peleamos y nos morimos por arreglarlo pero nos puede el orgullo, porque lo malo de las peleas a través de una pantalla es que no se pueden arreglar con un beso.
Estar entre tus brazos y querer que nunca te separes de mi.
Sentirme idiota por haberte dicho que necesitaba tiempo y que no sabía lo que quería; ahora no voy a dejar pasar ni un minuto más sin decirte que te quiero, y aunque no te lo diga no lo olvides jamás, te quiero. Desear que pase el tiempo tan rápido como cuando estamos juntas ahora que no estoy contigo, para que llegue pronto el momento de volverte a ver.

Romper esquemas y ser la excepción que confirma la regla para los que dicen que el para siempre no existe.
Vivir dos mundos contigo, el 'real' y el de los sueños, que te apoderes de ellos pudiendo así pasar contigo las noches enteras, viviendo historias tan reales como la vida misma hasta abrir los ojos y sentir una tristeza momentánea al ver que no estás al otro lado de la cama.

Quererte, cada día más, sin límites, y si los hay, que sean indeterminaciones tendientes al infinito.

viernes, 26 de agosto de 2016

AHOGADA

El mar en calma de esta mañana de verano como otra cualquiera se va picando progresivamente a causa de las corrientes de aire que azotan su superficie. Me dispongo a recorrer a nado la distancia comprendida entre la orilla y la boya que establece el límite de la zona de baño permitida. Doy brazadas cada vez más dificultosas, avanzando lentamente mientras soy arrastrada hacia el levante por las corrientes de agua provocadas por el viento.

A mitad del trayecto, distando lo mismo de la salida que de la meta recuerdo el momento previo a mi entrada al mar en el que mi hermano me pedía un argumento de por qué quería ir tan lejos en esas condiciones y obtenía como respuesta un 'me gustan las dificultades'. No pudo haber habido mejor contestación porque el recorrido estaba siendo realmente difícil.
Sigo avanzando, encontrando cada vez más resistencia mientras las olas cubren mi rostro con agua salada. Me veo obligada a cerrar los ojos a fin de impedir, o mejor dicho reducir, el escozor provocado por el cloruro sódico disuelto. Me está traicionando, el mar que siempre consideré mi amigo por compartir con él el 70% de mi composición.

Inesperadamente una enorme ola se alza ante mí, disponiendo del tiempo justo para inhalar una gran bocanada de aire mientras cierro los ojos. Me hundo. Transcurren unos segundos y comienzo a agitar brazos y piernas sin control, tratando de salir a la superficie. Dominado por el miedo, mi cerebro es incapaz de recordar lo que le dije a mi hermano la tarde anterior en ese mismo sitio. 'Si permaneces en calma el mar siempre será tu amigo, te sacará a la superficie boca abajo y tú solo tendrás que darte la vuelta'.

El movimiento descontrolado de mis músculos consume rápidamente el poco oxígeno que tengo en sangre, almacenado previamente en mis pulmones, proveniente de esa bocanada que robé a la atmósfera antes de sumergirme y que ahora me resulta tan lejana. Necesito respirar y sentir de nuevo que el intercambio de gases está teniendo lugar en mis alveolos pero no puedo hacerlo, estoy rodeada de agua.
Desorientada lucho hasta el agotamiento y de repente, mi boca comienza a abrise involuntariamente y absorve con fuerza una gran cantidad de agua salada. Baja, quemándome la garganta y sin provocar siquiera el alivio que me habría proporcionado una bocanada del contaminado aire de ciudad en esas condiciones.
Un 'chist' suena en mi cabeza y de golpe soy consciente, me estoy ahogando, debido a mi imprudencia y a mi inagotable cabezonería.

Abro los ojos que había mantenido cerrados incoscientemente con una fuerza sobre humana pero el panorama no cambia demasiado, el negro es sustituido por un azul cada vez más oscuro.
Desciendo, lentamente, en lo que me resultan horas y sin aviso, el dedo corazón de mi mano izquierda siente la textura granulada de la arena, que se expande progresivamente hasta tener la sensación de estar tumbada sobre ella.

Mis párpados superiores caen, no puedo detenerlos, y se juntan con los inferiores. Mis labios, morados a causa de la baja temperatura del agua, se separan para volver a aspirar en vano y hacerme perder el conocimiento. Muerta.



La vida me está ahogando, mire a donde mire solo encuentro agua salada ocupando el lugar del aire fresco y lleno de oxígeno. No me sirve para respirar, me está quemando por dentro mientras me araña la garganta. No quiero acabar ahogada. No me dejaré dominar por el miedo.

jueves, 25 de agosto de 2016

DIVAGACIONES DE UNA TARDE DE VERANO

Vivo, con el tiempo parado si es contigo.
Todo parece regirse por límites, más o menos difusos pero límites al fin y al cabo.
El lugar donde acaba la arena y comienza el agua salada, o la enorme línea recta que constituye el horizonte en que el cielo aparenta conectar con el mar, origen de la creencia sostenida durante siglos de que la Tierra era plana.
A veces es necesario observar las cosas desde la lejanía para poder comprenderlas mejor. Mirando el horizonte desde mi perspectiva (sentada en una esterilla roja, propaganda de Lays, sobre la arena de una playa mediterránea mientras una gran masa de nubes densas cubren al sol) el agua verdosa oscura forma una gran línea recta al limitar con el cielo grisáceo, lo que me lleva a afirmar solemnemente que mis observaciones confirman la planitud de nuestro planeta. Sin embargo, basta con unas imágenes de cualquier satélite que orbita en nuestra bóveda para refutar mi falsa creencia y mostrarme la verdadera forma del cuerpo celeste, una gran esfera imperfecta ligeramente achatada.

Todo cambia dependiendo del sistema de referencia, todo es relativo incluso el tiempo y el espacio, si no, ¿cómo explicar que estando con alguien que quieres una hora parezca solo unos minutos mientras que una aburrida clase que dure los mismos tres mil seiscientos segundos se convierta en una eternidad?, o ¿cómo explicar que yendo en un coche a 100km/h veas pasar por la ventanilla árboles y edificios sintiendo haber recorrido un gran espacio mientras que si a tu lado va otro coche a la misma velocidad y pase el tiempo que pase miras por la ventanilla y sigue ahí te da la sensación de no haber avanzado en absoluto?

Desde fuera, sin estar implicado, los problemas se ven más fáciles y no afectan emocionalmente cuando desde dentro todo parece mayor de lo que es llegando a ver una montaña de lo que es realmente un simple grano de arena. Es necesario poner distancia y obsevar, analizar, pensar y entonces, actuar.

Estoy viviendo un continuo ojalá lleno de sueños por cumplir y de deseos irrealizables, tratando de aprender de absolutamente cualquier experiencia e intentado ver siempre el lado bueno de de las cosas.
A veces es duro y todo es negro pero es necesario buscar los demás colores de la gama perceptible por el ojo humano que van desde el rojo al violeta y que al girar todos juntos en una ruleta dan lugar al blanco. Digamos así que el negro es la ausencia de color y el blanco la combinación de todos los colores. Busco pues llenar mi vida de blanco y abandonar así la monotonía en la que a veces me sumerjo.

Comienzan a caer gotas de H2O provenientes de esas nubes que cubren el cielo y aparecen nuevos límites, como el que queda en la arena al caer una gota y mojar solo unos granos que forman un círculo más o menos perfecto en función de las ondas del terreno provocadas por las incesantes pisadas de niños y mayores quedando el resto secos.
Aparece un leve arcoiris que se intensifica progresivamente conteniendo los sietes colores principales de la gama (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil u morado) y que me niego a catalogar como una simple ilusión óptica provocada por el cruce de los rayos solares con las gotas de lluvia a fin de no quitar magia y espectacularidad a este momento.
Finalmente  las nubes se desvanecen y sale el sol que se pone al rato y el tiempo vuelve a ser el típico de los días veraniegos, cayendo de nuevo en la monotonía.

miércoles, 24 de agosto de 2016

Te quiero, es una sensación que me desborda el alma, inconfundible, inexplicable. Odio quererte como odio no poder decírtelo por miedo al casi seguro rechazo.
Eres preciosa, incomparable. Un accidente obra del destino hizo que nos cruzásemos aquel día en la avenida mientras se aproximaba el atardecer. Tú con prisa y yo sin ella, pasos rápidos, un lugar a dónde ir y mi curiosidad provocaron que acabara corriendo tras de ti arrastrando mi maleta por no poder contener el impulso de querer ver tu rostro por primera vez.
Otro cruce, más inesperado aún que el primero, sucedió a los dos días. Miradas clavamos la una en la otra, incapaces de desviarlas seguimos caminando llegando al punto de andar hacia atrás por no dejar de observarnos hasta que apareciese la esquina de la manzana que indicaría la ruptura de la magia y la separación de nuestros caminos hasta otro choque accidental.
Buscados, planeados, ya forzados esos cruces no sudecieron en los días sucesivos, quizá por miedo a no ser capaces de superar la maravillosidad del anterior.

Una amiga en común, mismo destino, tercer encuentro. Hablar contigo largo y tendido, tú con mil historias por contar y yo que decidí escuchar. Sonrisas, miradas desviadas hacia los labios, nervios y un beso temeroso que nunca sucedió a pesar de las inconfundibles ganas existentes. Tiempo inexorablemente esfumado, momento de volver cada cual a su rutina. Caminar juntas por la calle y cruzar los pasos de peatones tras haber esperado en un silencio para nada incómodo sino lleno de magia a que el muñequito rojo como tus mejillas pasase a verde. Separación de los caminos, larga despedida, dejando entrever las pocas ganas de marchar y el temor a no volver a coincidir. Un 'ten cuidado' y un 'por favor, me avisas cuando llegues' se escapan de tu boca. Conversaciones ocasionales y no más accidentes del destino hasta el presente. Incapaz de hablarte cada día por miedo a molestar pero con unas ganas irrefrenables de hacerlo.

No odio el amor sino el rechazo, el primero es precioso y viene acompañado de un cosquilleo desencadenante de la felicidad mientras que el segundo acojona, establece barreras y lo cambia todo a peor.
Miedo a comprobar si tú ves solo una amistad donde yo deseo que haya amor. Miedo a declararte amor y que tú me ofrezcas solo amistad porque ofrecer amistad a quien quiere amor es como darle pan a quien se está muriendo de sed.

Tranquila, no lo haré, no te diré ni media palabra al respecto, al menos, no ahora. Si no tardas mucho, te espero toda la vida.
Hay tiempo, no mucho, pero lo hay y quizá en un par de años todo sea distinto, cambien las condiciones y el universo conspire a nuestro favor, y sea entonces cuando tenga lugar nuestra historia tan deseada por mi parte con un principio casual y cuyo fin sea la muerte. Mientras tanto me conformaré con soñarte.

                                             Tu chica mística

SOLEDAD Y MENTES

Nadie está conmigo cuando lo necesito, quizá porque no soy capaz de abrirme a nadie al 100%. Nunca nadie sospecha cuándo me pasa algo. Todos se alejan, dicen que soy demasiado o simplemente no dicen nada. Lo último que me han dicho antes de alejarse es que no pueden más, que les violo la mente.

Soy una puta folla mentes pero es que, ¿acaso no es la mente la creación mas maravillosa de la historia? Miles de recobecos por descubrir, miles de sentimientos y pensamientos ocultos.
Incapaz de ser estudiada aún totalmente por la ciencia, impredecible, extraordinaria.

Prefiero mil veces una mente que un cuerpo (aunque suene a topicazo), porque al fin y al cabo el cuerpo envejece, se arruga pero la mente permanece, bien amueblada si la vamos enriqueciendo cada día.
El problema llega cuando aparece un agujero negro, tal como el Alzheimer, capaz de borrar recuerdos y conocimientos. Implacable, progresivo, pero a su vez fascinante.

No hay nada más genial que estimular una mente, descubrir lo que reside en ella y a su vez estudiarla a través de otra mente.
Somos nuestra mente, nuestro cerebro con cada una de sus partes, regiones diferenciadas en las que encontramos las distintas sensaciones, cuya distribución ha sido ya estudiada.

No creo que lleguemos nunca a conocer totalmente las mentes, nunca habrá dos iguales, y será imposible establecer patrones de comportamiento o de desarrollo de emociones.

Disfruta de ellas, son fascinantes, amuebla la tuya todo lo que puedas y no la desaproveches, es lo más maravilloso que te pertenecerá solo a ti y no te podrá ser arrebatado.

Increíbles también los casos de manipulación mental mediante actos psicológicos y las enfermedades mentales así como los trastornos obsesivo compulsivos. Como es capaz la mente de adoptar una visión sobre algo que no corresponde con la realidad (bueno, con lo que creemos que es la realidad). Realmente la realidad la crea la mente, y si no ¿por qué los sueños son tan "reales" como la vida misma?

La vida es sueño, y los sueños, sueños son.

viernes, 19 de agosto de 2016

TIEMPO

Es íncreible ver como día a día nada cambia, parece que todo sigue igual, sumergido en una monotonía ordinaria; y sin embargo, al mirar atrás, unos simples meses, todo era distinto, muy diferente.

Son los cambios imperceptibles en períodos cortos los que nos modelan, los que nos modifican el pensamiento, e incluso, la forma de ver la vida.

También es la gente que va apareciendo en nuestra vida, la diferente, la que con unas simples palabras te desordena la mente y te deja reflexionando, varias noches mirando al techo que te cambian drásticamente.

Merece la pena vivir, simplemente por conocer a esa gente, gente con la que haces cosas que nunca habrías imaginado que harías, gente que te enseña nuevas perspectivas, y que sin pedírselo, te llena la vida de colores.

Y es que si el pato no desea salir del estanque es porque no conoce el mar. Es necesario estar abierto a conocer y a hacer cosas nuevas, a reinventarnos, a dejar el miedo a un lado, y a probar, sin miedo a equivocarnos.

Porque al final lo que importa no son las posesiones materiales sino los momentos vividos. Esa puesta de sol que tenía lugar mientras leías un libro en la playa, quemarte la lengua con el café recién hecho, abrir los ojos y ver los primeros rayos de sol entrar por la ventana, tumbarte en la hierba para ver una lluvia de estrellas, ir caminando en pleno verano y que te moje un chaparrón repentino, escuchar música mirando por la ventana del autobús, beber agua teniendo mucha sed, cantar en la ducha como si nadie te estuviese escuchando, oler un libro nuevo, saborear ese chocolate tan delicioso, romper un plato y sentirte torpe, cortarte mucho el pelo y arrepentirte al instante, tragar agua salada al nadar en el mar, no poder dormir y quedarte horas mirando al techo dando vueltas entre las sábanas, que se te acabe el bolígrafo a mitad de un examen, ir a hacer puenting, ver una película de miedo y no ser capaz de ir al baño, hablar toda una tarde con una amiga y olvidar el tiempo, correr como si no hubiera mañana, hacer una exursión al campo, ir al río y observar los peces nadar, terminar un libro, escuchar llover...
Momentos tan poco apreciados día a día hasta que nos paramos a pensar.

Ve, vive, no desaproveches ni un solo segundo más de este tiempo limitado que tenemos y que llamamos vida.

jueves, 18 de agosto de 2016

SE ACABÓ

Saca el dedo, deja de urgar en la herida, duele. No quieras aparentar lo que no somos, quiero dejar las mentiras al fin.

Deja de intentarlo, no va a llegar a nada. Nunca volverá a ser como antes porque el pasado no vuelve, aunque quieras.

Suelta el timón y devuélvemelo porque no es tu vida sino la mía la que se encuentra a merced de las olas en este momento.

Deja de querer decidir por mí y empieza a decidir por ti. No me llames egoísta argumentando que piensas en las dos mientras yo solo en mí porque yo no te he pedido que lo hagas.

Olvida los planes de un futuro juntas que jamás va a existir. No quieras que me ate a ti porque no lo haré, me niego a perder más libertad, demasiada nos arrebatan ya.

Deja el chantaje emocional, te dolerá, por supuesto, pero aunque creas que el dolor será eterno te aseguro que no, porque todo pasa y de amor, aún no ha muerto nadie.

Te he hecho daño, al igual que tú a mí, siendo nosotras un árbol, tú fuiste el rayo que lo sacudió de copa a raíces, y yo el fuego que vino después y lo acabó calcinando.

No me digas que me quieres, déjalo ya, olvídame, olvídanos. Tú eres la Unión Europea y yo, soy el Reino Unido.