jueves, 10 de noviembre de 2016

ECHÁNDOTE DE MENOS

11 meses sin verte y hoy me he vuelto a acordar de ti. 11 meses hablando solo cinco días contados; días en los que como hoy, te he echado de menos y no he podido evitar madarte un mensaje, para acabar teniedo una conversación monótona, breve y sin interés.

Es increíble como puede cambiar todo de la noche a la mañana, dando por finalizadas nuestras conversaciones de todos los días a todas horas con un simple me siento solo y no sé si esto es lo que quiero.

Te fuiste, sin avisar, dejando un vacío inmenso en mí, sin nadie a quien contar mis problemas, nadie con quien hablar de galaxias y plátanos.
Te odié por ello, no debiste subirme tan alto si me ibas a dejar caer.
El espacio que ocupaste aún sigue en mi pecho, vacío, esperándote aunque sepa que no vas a volver jamás.

Hoy he leído nuestro blog, ese espacio en el que compartíamos todo: cualquier cosa que pasase por nuestra mente, un texto impactante o una de esas frases que tras leerlas te dejan un rato en shock analizante.
No debí haberlo hecho sabiendo que me iba a provocar la terrible añoranza que ahora sufro. 

También he pasado un rato pensando en aquella carta que te escribí y en tus textos que la prosiguieron, llenos de sentimientos que ojalá experimentases ahora.
Paso muchas noches con la mirada en el techo y otras muchas tardes con ella perdida a través de la ventana preguntándome si tú no me extrañarás también, si no echarás de menos hablar conmigo, estar conmigo, perdernos por las callejuelas del Albayzín y subir al mirador de San Miguel Alto, para finalmente encontrar respuesta a todo esto en la inexistencia de algún mensaje tuyo que me devuelva la esperanza. 

Quizá tú hayas podido pasar página y yo no me cruce en tus pensamientos con la suficiente fuerza para crear en ti un impulso tan fuerte que te lleve a escribirme cualquier cosa. Yo la pasé pero dejé la esquina doblada. Muchas personas han pasado por mi vida, pero ya ves, me sigo acordando de ti como el primer día.

Hace un mes y dos días fue mi cumpleaños. Sinceramente esperaba encontrar una felicitación tuya pero pasó el día y no llegó, probablemente te olvidaste; al contrario que yo, que recuerdo el tuyo como si fuese el mío. No se me fue de la cabeza cómo en el anterior estuvimos comiéndonos una bolsa enorme de chuches en aquel parque, tu sudadera y el kinder escondido que tanto me gustó.
Nunca entenderé por qué decidiste alejarte; yo también tengo épocas en las que la soledad es mi mejor compañía, pero pasan, así como esperé que pasase la tuya; algo ya improbable. No encontraré nadie como tú, y tampoco quiero hacerlo porque no estaría con esa persona por ella en sí, sino por la parte de ti que hubiese en la misma.

Aquí sigo, con el mariposario hambriento, pidiendo a gritos una dosis de (tu) amor que lo alimente por un tiempo más.

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