domingo, 13 de agosto de 2017

FÍSICA

TIEMPO
Odio el tiempo y te preguntarás que cómo voy a hacerlo si es una de las bases de la existencia pero tiene su porqué, es más ni siquiera odio todo el tiempo, solo el que transcurre cuando no estoy contigo. Del que paso a tu lado solo odio la velocidad con la que lo hace.

Tiempo. Seis letras, tres consonantes y tres vocales, dos abiertas y una cerrada; un término finito que contiene algo posiblemente infinito y que se nos escapa en todos los sentidos.
Cuando estoy contigo el tiempo toma esta forma 'tiempo' y cuando no, adopta la de 't    i    e    m    p    o'. Puedes leer la primera como si tu voz sonase a velocidad ultra rápida y la segunda como la típica de un vídeo a cámara lenta.

Y sí, ahora hablo de velocidad porque el tiempo a tu lado es un conductor negligente que a sabiendas de que no hay radares en la zona, toma un tramo de carretera a 230 km/h mientras que el tiempo sin ti es alguien que hizo el práctico ayer y hoy conduce por primera vez con la 'L' en la ventanilla trasera y sin atreverse a pasar de los 60 km/h.
Creo que es un capullo porque no encuentro explicación para estar abrazada a ti, mirar la hora, pestañear, volver a mirar y que hayan pasado 120 minutos de golpe mientras que estando en cualquier otra parte solo transcurran 3 segundos en la misma secuencia de mirar la hora, pestañear y volver a mirar.

Ahora estoy sin ti, escribiéndote, porque no encuentro otra manera de intentar explicar mejor lo que siento y el tiempo ahí está, transcurriendo sin prisa. Luego estaremos juntas unos días y nuestro amiguito volará, todos los relojes competirán en una carrera de agujas.
Y ahora estás tú aquí, con el folio entre las manos y tampoco estamos juntas así que las agujas, agotadas por la carrera de estos días son reacias a avanzar.

Puedo concluir que odio la relatividad del tiempo y no el tiempo en sí, porque realmente el tiempo es necesario para que estemos juntas mientras algo superior transcurre imparable, sin embargo, la relatividad del mismo si que es odiosa y ojalá poder invertirla y poder pasar largas eternidades a tu lado con períodos mínimos sin ti. Ojalá un radar inesperado que multe al conductor negligente y le quite todos los puntos del carnet para que así la velocidad del tiempo a tu lado sea 0km/h y su duración, por tanto, infinita y que el conductor en prácticas del tiempo sin ti pierda el miedo a pisar el acelerador y como poco vaya a 120km/h.


ESPACIO
Odio su gran extensión separándonos cuando no estamos juntas y adoro su inexistencia cuando estamos completamente abrazadas sin un milímetro siquiera del mismo entre nosotras.

Estando contigo, en cambio, aunque en algunos momentos no haya contacto entre nuestros cuerpos, amo todo el espacio que nos rodea, que nos supera, ya sea absoluto o relativo, de tres dimensiones o de diez.
Me fascina lo diminutas que somos al considerarnos como una parte de ese todo que es el espacio y cuya extensión realmente se desconoce y admito que hace años me asustaba imaginar que pertenecíamos a una galaxia entre millones, los cuales no podía abarcar con la mente y acababa viéndolo todo negro azabache.

Si lo estás pensando, bien, y si no ya te lo digo yo, efectivamente estoy mezclando las dos definiciones de espacio, 'Distancia entre dos cuerpos' y 'Extensión que contiene toda la materia existente', pero en el fondo da igual porque si ambos conceptos están contenidos en un solo término es por algo. 

Siendo así concluyo que odio el espacio que me separa de ti pero adoro el que contiene al universo, cómo explicar si no el cúmulo de emociones de aquella noche de martes trece contemplando las estrellas.
Nosotras dos, en el balcón, mirando la bóveda celeste y sin poder ver el resto de universo que escapa a la visión humana desde esa perspectiva, miles de sentimientos desatados, inexistente espacio separándonos e infinito rodeándonos.
Tengo aquella noche como una de las mejores de mi vida, espaecialmente mágica.

Exterior o interior, el único espacio que aspiraba a ocupar era el de tu corazón y aunque el espacio contiene toda la materia existente no es capaz de contener todo lo que te quiero.


MATERIA
Buf no puedo más que adorarla y dejarme fascinar por ella y sus formas y propiedades.
Es la base del mundo físico, forma parte de absolutamente todo.
Te compone. Compone pues, lo que más quiero en este mundo.
No sé ni por donde empezar a hablar de la jodida materia porque es partícipe de absolutamente todo cuanto conozco de este planeta llamado 'Tierra'.
Eres materia, soy materia, somos materia. Todos los lugares a los que hemos ido juntas son materia, cada abrazo es la unión material de dos cuerpos, cada beso la misma unión pero de dos pares de labios, etc. 

No puedo escribir aquí sobre todas las cosas 'materiales' que quiero aunque me gustaría hablar de cada una de las partes de tu cuerpo así como de cada cosa que me has dado pero habrá millones de ocasiones más y prefiero no agotarlo todo.

Tus ojos verdes, tus manos cuando me acarician, el sofá, la cama, el camino de los álamos, la playa, los bocados, tus pestañas, tu jodido cuello, el mar cuando nos rodea, la arena en tu piel, mis dedos recorriendo tu barriga, millones, de, cosas, que, podría, enumerar. Y voy a elegir una, una que no me quito de la cabeza y que necesito escribir sobre.

Si.

Efectivamente.

Eres tú, mordiéndote el labio. Fue el mejor momento material que mis ojos han podido captar y mi mente guardar y lo incluyo en materia porque aunque como para todo de lo que quiera escribir tengo que usar imágenes mentales, fue algo físico y material. Tus labios son materia, tus dientes también.
No sé cuánto duró realmente, de nuevo presente la relatividad del tiempo pero no puedo parar de recordar cómo mis ojos bajaron involuntariamente hacia tus labios estando tú sentada en ese sofá, y cómo anonadada y aparentemente hipnotizada me quedé mirando tu labio inferior mientras tus dientes lo recorrían despacio con una fuerza media entre la caricia y el mordisco.
Probablemente fueron solo unos segundos pero ¡joder! ¡qué segundos! convertidos en eternidad para mí.
Imagen no material imborrable almacenada en un órgano material y proveniente de un cuerpo material.
Desconozco el paso de material a inmaterial ni siquiera sé dónde está realmente esa imagen pero me fascina, me fascinas y eres materia.


ENERGÍA
Nos mueve. Es incluso más subjetiva que el resto de elementos. Responsable de las interacciones entre materia, responsable así del choque/roce/unión de nuestros cuerpos.
Puedo describirla en muchas formas: el impulso que me llevó a abrazarte el primer día, el que aparece cuando sotengo tu mano, el que se desata en cada contacto de tus dedos con mi piel... y nunca lograré plasmarla en su totalidad. 

Hay muchísimos tipos y en la consecución de mi título voy a usar la clasificación convencional subjetivamente.
Está la energía térmica cuando dormimos juntas y usas tu poder de estufa en pleno verano y acabamos sudando, la energía eléctrica cuando saltaban chispas cada vez que nuestras miradas se cruzaban, la energía eólica cuando te soplo en mitad del beso, la energía cinética cada vez que noto las mariposas batir sus alas en mi estómago, la energía hidráulica cuando el agua de la ducha recorre nuestros cuerpos, la energía sonora cuando te escucho decir el 'mi amor' que tanto me gusta, la energía de reacción cada vez que nuestros cuerpos entran en contacto, la energía mareomotriz cuando somos arrastradas en el intento de llegar a la boya o la energía magnética responsable de nuestra atracción. 

Miles de tipos bajo un solo concepto.

Energía. Suena guay. Quizá porque reúne una 'n' y una 'a' en la misma palabra.
Adoro la energía que se desata en cada beso y cada vez que me coges de la mano pero más aún la que se desató en mi cerebro aquella noche en que soñé contigo. Una secuencia de imágenes no material producida por mi cerebro material en un tiempo y espacio determinados y que desató en mí la energía necesaria para luchar por robarle el adjetivo a mi amor platónico, tú.
Me encanta la energía de cada latido de nuestros corazones y la que lleva a tu piel a erizarse pero por encima de todas ellas se sitúa la que nace cada vez que te digo 'te amo'.
Te amo.



lunes, 24 de julio de 2017

23:23

Para variar, me resulta imposible no empezar hablando de tus ojos verdes, esas ventanas al mundo en las que me perdería sin siquiera pensarlo, con ese color habitualmente usado para simbolizar la esperanza, la misma que me hizo falta para llegar a donde estamos ahora.
Cuando me miras me siento la persona más afortunada y feliz del mundo porque aunque desconozca el nivel de felicidad que puedan estar gozando otra personas no creo que ninguno sea comparable al que siento yo.
Es aún más increíble en la oscuridad, cuando sé que esas pupilas dilatadas por la falta de luz me buscan al igual que las mías, también dilatadas, te buscan a ti con la diferencia de que las tuyas pueden encontrarme mejor, debido al color claro de tu iris.
Aún recuerdo cuando te pregunté cómo veías aún sabiendo que no podría entenderlo porque no podría ver como tú y cómo tu ejemplo de la nieve del televisor me aclaro mucho la idea.
Ojalá poder ver con distintos ojos simplemente para probar la experiencia, incluyendo los del resto de animales y confirmar así que el mundo siempre depende de los ojos con los que se mire.

Me encanta cogerte de la mano y no precisamente por el acto posesivo de sentir que "eres mía", sino simplemente por el contacto. Necesito ese contacto, saber que estás a mi lado y sentirme tan tranquila y agusto que no necesite nada más.
Jamás olvidaré aquella primera vez en el coche cuando me cogiste de la mano y no podía parar de pensar en cuánto te quería y en lo feliz que me hacía estar contigo.
Utilizo todas las pestañas que se me han caído estos días para pedir que nunca me sueltes.

Me declaro fan número uno de dormir contigo porque es inefable lo que siento cuando te miro y estás a mi lado, abranzándome. Es que joder, me pareces tan sumamente preciosa a un modo únicamente entendible para mi persona que no encuentro nada a lo que compararlo porque supera todo lo antes sentido.
Hablando de fans no se puede pasar por alto el club de ellos que tiene tu cuello, el cuál lidero y del que espero ser única integrante con acceso. De nuevo he de recurrir a mi término favorito, inefable porque no puedo catalogar de otra manera a lo que siento cuando lo acaricio, tan pequeño y suave.

Puede parecer repetitivo el declarar tantas cosas como "inexpresables con palabras" pero es que es tan real la inexistencia de términos para explicar lo que siento que por eso mismo se que es amor, porque me desborda, me supera, es incontrolable e indetenible con su trono de hierro ocupado por el deseo de que no acabe y teniendo como mano el miedo a que sí lo haga.

Me gusta tu sonrisa y más aún cuando soy yo la que la provoca porque yo no sé mucho de gestos pero sé que implica felicidad y es a lo que aspiro que seas a mi lado, feliz, extremadamente feliz.
También me gusta cuando apretamos los ojos en intentos de contener todo el deseo que nos embarga en momentos en los que la frase de aquella noche viene como anillo al dedo, "no es el momento ni el lugar".
Y mejor no empezar a hablar de tus besos porque de nuevo tendría que recurrir al término que definitivamente es mi palabra favorita.
No te puedes imaginar lo deseosa que estaba de la miel que hay en mi cielo, tus labios, pero si la cantidad de picaduras de abeja que me llevé mucho antes de conseguir probarla. Ahora soy un insaciable Winnie the Pooh.
Si que podemos hablar de cuánto me encanta tu barriguita y de cómo no lo entiendes, y puedo usar el argumento de que para gustos colores y tú eres mi color favorito.

Aún puedo pasar la lengua por la cara interna de mi labio inferior y sentir tus dientes clavados en él y joder, ojalá pudiera repetir ese momento hasta el infinito, no me importaría ser víctima del eterno retorno de Nietzsche.
Sin embargo, no ocurre lo mismo con mis brazos, que se sienten vacíos al no notar la presencia de tu cuerpo ni poder rodearlo durante toda la noche. Pero no importa, saben que pronto volverán a estar anclados en ti, en tu cuerpo, sin querer volver a separarse y usan cada día en el que no estás para incrementar la fuerza con la que te abrazarán la próxima vez que estés, y les vale, porque al igual que cada parte de mi ser son felices, contigo y pueden soportar millones de esperas si al final estás tú.

Puedo pasar las horas escribiéndote y no cansarme y por mucho que tecleé jamás podré plasmarte al completo porque eres tan increíble que es imposible. 
Te quiero, y me encanta que aún siendo partícipes del mundo físico esto vaya mucho más allá.


martes, 27 de junio de 2017

CONFESIONES

Hacía mucho tiempo. Diez días.
Puede parecer que no es tanto pero si que lo es, diez días son mucho tiempo cuando cada hora cuenta por dos o cada minuto por tres.
Y es que he vuelto a odiar la relatividad del tiempo porque no es justo, no es justo que estando contigo las agujas del reloj se desplacen el triple de rápido que estando sin ti.
Pero, ¿qué más da? por mucho que la odie no va a cambiar nada, las horas seguirán consumiéndose vertiginosamente a tu lado.
Además de más odio para la distancia, culpable de que no podamos estar juntas todo lo que nos gustaría, tengo la teoría de que odia las parejas porque mientras pensamos en dos ella siempre piensa en tres y creo que es una egoísta porque quiere formar parte de muchas a la vez.
Aún así, tú dices que nos ayudará a fortalecer lo nuestro, y sí o sí será así porque es lo único positivo dentro de lo negativo que supone la misma.

Odio no haber entrado a medicina ni en Granada ni probablemente en ninguna parte de Andalucía pero a la vez le estoy agradecida porque aunque me tenga que ir muy lejos y doña distancia cobre aún más importancia en nuestra relación fue lo que te hizo darte cuenta de que me querías de verdad.
Odio que llorases por mí, porque me iba y odio ser una fracasada y que lo niegues.
Ojalá hubiese estudiado más, fui una estúpida y no me voy a engañar, odio la distancia al doscientos por cien y realmente no la necesitamos para fortalecer lo nuestro, es un simple consuelo cuando sí o sí se encuentra entre nosotras.

Aparentemente solo tengo odio para todo pero de alguna manera tengo que equilibrar la balanza, característica de mi signo, gravemente descompensada por toda la cantidad de amor que estás generando, y es que joder, te quiero muchísimo.
Eres mi personificación de los conceptos de amor y querer y agradezco al destino que te haya puesto en mi camino.

Y sí, después de diez días volví a verte. Viniste incluso a esperarme a la estación. Te echaba mucho de menos.
Al principio mirábamos el reloj y nos alegrábamos de todas las horas juntas que teníamos por delante pero finalmente se consumieron más rápidamente incluso que el resto de veces.
Aún así fue genial, cada día contigo es incluido automáticamente en la lista imaginaria de los mejores días de mi vida.
Primero fuimos a hacer mis supuestas gestiones que finalmente no he necesitado para nada y que fueron una mera excusa para que mi señora madre me dejase bajar a Granada. Acabamos pronto, por lo que teníamos mucho tiempo para estar juntas.

Quisite llevarme a tu sitio favorito de nuestra capital pero estaba cerrado y aunque me hubiera encantado quedarnos allí, el destino y tu deseo de estar un rato tranquilas a solas nos llevaron a una tetería que hemos acabado bautizando como "nuestro nido de amor".
Era genial, el decorado árabe que nos vuelve locas a ambas, los estampados de los cojines, las numerosas lámparas de cristales coloridos que colgaban del techo y la música que invadía el ambiente. Elegimos el rincón más al fondo simplemente porque poseía las dos únicas mesas que no estaban cubiertas con el mantel y los cubiertos típicos de cualquier restaurante que se encuentra a la espera de la llegada de clientes hambrientos.
Acertada elección la de aquel sitio, pues nos permitió satisfacer a la vez lo que tú llamas nuestras dos mitades. Estando en el clima árabe que embriagaba todo el local no podíamos olvidar que nos encontrábamos en Granada al tener un cuadro de la maravillosa Alhambra en frente.
En la misma pared había otro cuadro, un decorado árabe que al llamar tu atención nos permitió descubrir que al igual que el resto de decorados del lugar, había sido hecho por un amigo del camarero y al que yo me dediqué a buscar imperfecciones en su aparente simetría radial.

Pedimos batidos; dos distintos con el objetivo de probar el doble y el agua de Azahar de uno de ellos te fascinó.
Hablamos mucho, sobre todo, y me encanta, me encanta hablar contigo porque nunca hay silencios incómodos.
También me encanta tu sonrisa y que te rías con mi payasadas así como que sepas analizar las expresiones, es algo que me vuelve loca.
Eres genial, mi chica Targaryen, y tengo una infinita suerte de estar contigo.
Empecé viendo una película por ti, a fin de conocer el significado del tatuaje que tenías y que ahora también llevo yo, y a día de hoy ya veo series de mil temporadas.

Conseguí animarte a pedir una cachimba y aunque incialmente aseguraste que me la iba a fumar yo sola, no fue así ni mucho menos. Cereza. Buena deducción por tu parte.
Era de color verde, tu favorito y te encantaba cuando me salían bien los aros con el humo.
Usaste una frase muy famosa: "no hay nada más sensual que el humo saliendo de los labios de una mujer" y te gustaba verlo salir despacio de los míos.
De incontables besos son ya testigos nuestros labios. Y declaro que besarte es incluso más adictivo que el tabaco. Me alegro de que que ese martes trece decidieses improvisadamente o no darme el primero, al que bautizamos como "incentivo" y que inició la larga línea sucesoria.
Me encanta abrir los ojos y que tú los tengas cerrados, que me digas que no los abra, que ya no te explote la cabeza cuando me besas y me encanta que te encante mi labio inferior.

Fui al baño después de unas cuantas idas por tu parte y me decepcionó un poco al no gozar del maravilloso decorado reinante en el resto del local.
Al salir habías descubierto lo que podemos llamar la mayor casualidad de todos los tiempos. Me incitaste a observar detenidamente el tubo de la cachimba mientras asegurabas que en cuanto descubriese lo que había me lo iba a querer llevar. Yo un poco confusa pensé que no podía haber nada tan sorprendente que fuese capaz de crear en mí el deseo de poseer ese tubo, y entonces lo vi, una 'N' grabada en la parte inferior. Con solamente eso se hubiera desatado en mi ese afán de posesión pero había más, era darle la vuelta y en la cara opuesta había una 'A'.
Eran nuestras iniciales, una combinación entre las setecientas veintinueve posibilidades que se pueden obtener al coger las veintisiete letras del abecedario de dos en dos.
La probabilidad de que las dos letras que estubiesen allí fuesen la 'N' y la 'A' era del 0.1371742112% y sin embargo, allí estaban.
El deseo de tener esa cachimba era irrefrenable y preguntar al camarero si nos la podíamos llevar o si estaba en venta fue inmediato.
Finalmente nos tuvimos que conformar con una foto de cada cara del tubo y la promesa de tener la misma cachimba cada vez que fuesemos allí, porque desde ese momento estuvo claro que íbamos a volver.

Y así, entre batidos, humo, agua, besos, enes y aes pasaron las horas, y no las pudimos retener.
Fue genial estar allí contigo, es genial estar contigo sea donde sea.
Después del segundo carbón, cortesía del camarero, tuvimos que irnos porque pronto sería la hora de salida de mi bus.

Tras un intento fallido en el Burguer King acabamos comiendo en el Mc Donalds siendo esta la tercera traición a lo que catalogamos como "tus principios", habiendo sido la primera besarme y la segunda fumar, aunque fuese cachimba.
Me encanta romper las reglas o hacer que las rompas tú.
Tuvimos que comer rápido aunque ya habíamos comprado el billete y la alegría de estar a tu lado horas antes se tornó en miles de "¡Mierda! No me quiero ir" aún a sabiendas de que era inevitable tener que hacerlo. Era real el deseo de que se me escapase el bus por "accidente" o que simplemente no funcionase y no pudiese ser sustituido. Ojalá no tener que irme nunca de tu lado pero de nuevo había que darle la malavenida a la distancia y a mi irónicamente maravillosa minoría de edad que nos impedía tantas cosas.

A diferencia de la última vez que viniste conmigo a la estación, esta si que te quedaste hasta que el bus se fue, incluso una vez dentro pude verte por la ventanilla y desear bajarme en cada "te quiero" que salía de tus labios a los que tenía que leer porque no podíamos oirnos.

Te abracé muy fuerte en un intento de retenernos pero joder como me duele no tenerte ahora mismo a mi lado. 
Te echo muchísimo de menos, y puedes decir que solo ha pasado un día pero ya te estaba echando muchísimo de menos desde el primer segundo que transcurrió al de dejar de verte a través de ese maldito cristal.

Pero seamos positivas, como tú dices siempre, nos veremos pronto y los días de por medio entre una vez y otra solo servirán para aumentarnos las ganas.

Me siento muy afortunada de tenerte en mi vida y hoy puedo afirmar la veracidad de la frase que usé al inicio de mi enamoramiento como motivación para seguir intentándolo: "No hay imposibles, solo improbables".

Y aquí estás. Y aquí estamos.



sábado, 17 de junio de 2017

NOCHES

Joder, es tan fascinante cómo un sueño puede convertirse en realidad de un día a otro que hasta asusta.
Cómo el límite entre lo supuestamente imposible y la realidad puede ser transpasado en solo un instante.

Después de un par de semanas pasando prácticamente todos los días juntas, ocurrió.
Fueron semanas de hacerme la comida, de ganarte apuestas, de hincharnos a comer y a abrazos, de tener kilos de más de amor, de hablar indefinidamente, de traerte tus caramelos favoritos y que te encanten o de matarte a cosquillas y a bocados.
Las mismas que han sido culpables de que ambas tengamos que ir a septiembre, yo con selectividad y tú con el TFM.
Me prometiste que si entraba en medicina me besarías pero ante el panorama de fracaso presente hicimos un amago de olvidarlo.
Un par de días de llanto y 'bah, ¿cuándo nos vemos? Si de todas formas ya vamos a septiembre'.

Martes trece, nunca olvidaré esa noche. Tu forma de mirarme cada segundo y tus abrazos constantes en medio de la calle. Cómo te gustaba picarme e intimidarme sabiendo que ahora que te quiero no puedo soportarlo y cómo me gustaba a mí darte bocados y hacerte la fuente lacerta. 
Era raro, lo noté y efectivamente el jueves noche o la madrugada del viernes (relatividad del tiempo) me lo confesaste.

Bajo promesa de un incentivo, tras un par de cobras y después de jurar y perjurar que no iba a volver a intentar besarte, me besaste tú. Un poco, por no decir bastante sorprendida fui consciente de que prácticamente lo había conseguido.
Dos segundos y estaba ahí, maldito 226. Menos esperada aún que la primera, nuestros labios se fundieron otra vez. Y te fuiste, y te llamé platónica, me dijiste que podía ir quitando ese término, y fui consciente. Me había besado mi amor platónico.

La noche siguiente me llamaste para decirme sin rodeos que llevabas toda la semana intentando insinuarme que me quedara en tu casa el jueves porque querías darme la sorpresa de ir a ver las estrellas, pero que yo no lo pillaba.
Te dije que sí y rechacé el resto de planes. 

A las tres de la tarde estábamos en la feria comiendo de gratis y bebiéndonos hasta el agua de los floreros. A las siete estabas pidiendo en la sala que pusieran nuestra canción. A las doce, tú semi sobria y yo hiper ebria, dijiste que nos íbamos. Tras la dura travesía haciendo ochos hasta el coche, condujiste hasta tu casa de campo. Consciente de mi mal estado no fuimos al monte, simplemente tras el tour tourístico hogareño salimos al balcón y me nombraste cada una de las estrellas que se veían así como me explicaste cómo distinguir las estrellas azules por su tintineo.
Me abrazaste y sin saber cómo ni por qué me besaste. El siguiente corrió de mi cuenta y tras soltarte un 'anda, pero si no me has hecho la cobra' te echaste las manos a la cabeza y repetiste insaciable 'mierda, mierda, mierda, es verdad'. Te rayaste muchísimo pero no podías parar de besarme.
Entonces dijiste 'no, no, no, a mí no me gustan las mujeres, a mí me gustas tú' y me sentí realizada. Ahora aún más al saber que soy la única mujer con quien has sentido algo superior a una amistad hasta el punto de besarme. En tus propias palabras, 'La gran excepción'.
'Yo nunca me habría imaginado poder llegar a sentir algo así por alguien de mi mismo sexo'.
'Me reía de quien decía que era heterosexual pero se había enamorado solo de una chica pero joder, ahora lo entiendo'.
'Te confieso que el martes fui consciente de que quería besarte y joder, menudo atentado contra mis principios. Estábamos tan cerca que mi mente iba a explotar'. 

Fue gracioso, era un mundo para ti y me encantó observar tus reacciones en cadena. Pánico y sorpresa en estado puro.

Me preguntaste si podías dormir conmigo y obviamente era lo que queríamos ambas. Bendita noche de cosquillas y besos infinitos. 

Juro que abrir los ojos, verte abrazándome y que me beses no tiene precio.
Que jodidas van a ser las noches sin ti. Y
qué no daría por repetir esa noche. A saber cuando nos vemos otra vez pero espero que lo que sea que tengamos no se acabe. Nunca. Es genial.

Recuerdo tu pregunta de '¿Cómo te sientes al conseguir lo que querías?' y mi respuesta de 'Triunfadora'. 

Es asombroso lo real de la expresión 'No hay imposibles, solo improbables' y cómo se puede degradar la idea de amor platónico haciéndola descender a lo terreno al convertirlo en amor real. Cómo algo que aparentemente no ocurriría nunca acaba pasando.

Es jodido echarte de menos cada segundo y necesitar esos besos tan ansiados, y adelantados a la supuesta promesa.
Joder, ya no estás.

Ahora me toca soñarte, como el primer día. Ojalá verte otra vez a mi lado al abrir los ojos.


sábado, 27 de mayo de 2017

1001

Mil y un momentos contamos ya, capicúa como a ti te gusta.
Me resulta tan lejano cuando me diste tu número de telefóno en aquel bar contando aquella historia para que se me quedara fácilmente que parece que ha transcurrido una eternidad.

Han sido días, dos semanas ya, de vernos mil veces en cada período de veinticuatro horas. Que si a las 7:30 (haciéndome hacer lo que no he hecho ni por un examen, madrugar) antes de entrar al instituto, que si en clase, que si en la parada de autobús, que si por la tarde. 
He esperado el autobús más veces en estas dos semanas que en toda mi vida y, sin embargo, no me he subido ni una. Cruzábamos los dedos porque no llegase nunca, ¡joder!, cuanto más tiempo a tu lado mejor. Maldito 226.

Me encanta que te fijes en cada uno de mis detalles, que me digas que "sé cosas" y que que te gusto porque no soy normal, y sobretodo que confíes en mí a pesar de haber metido un poco la pata al principio.
Me gusta que tengas una canción para cada momento, que sepas cuál es mi favorita y por qué y que yo igual con la tuya, que me tengas consentida, que me abraces en medio de la calle mientras no paras de repetir que soy bonita, aunque sepa que no es así.
Me flipa hablar contigo sobre cualquier cosa, que me cuentes por qué besamos, que me leas, que nos demos mil veces las buenas noches y no nos vayamos, que quites los datos, que calces un 37.5, que pares inmediatamente la alarma, que seas tan yo.

Jamás olvidaré aquella mañana: cómo tan inocente bajé a la puerta a las 7:30, cómo me encantó cuando me dijiste que el regalo era para mí, el abrazo de después.
No sé cuantas veces he leído la dedicatoria ni mucho menos cuántas te he dicho ya que te quiero, fucking crush, y tú me has respondido que tú a mí también (aunque dudo que de la misma forma).

Sabes tanto de mí ya que me asusta, pero no importa, me gusta contarte cosas.
Cómo olvidar aquella tarde en la que insististe en que te contara por qué no me gustaba que le dieses abrazos a más alumnxs antes de decirme que en clase todxs éramos iguales aunque fuera fuese diferente.
Al final no te lo conté, pero ya lo sabías, me lo confesaste, sólo querías escucharlo salir por mi boca. Me dijiste que siempre ganaba, yo te dije que había excepciones y efectivamente, ¡cuánto lloré aquella noche!, a pesar de que me repetías, incansable, que no estaba perdiendo nada.

Incontables veces he mirado de cerca esos malditos ojos verdes y no puedo sacar de mi cabeza una especie de gif en el que sus pupilas se agrandan y reducen en bucle.

Me puede que te acuerdes de cualquier detalle y a ti que yo también lo haga.

Es jodido lo de que sea un secreto a voces; pero no puede ser de otra forma, y te entiendo. 
Fue una cagada lo de las fotos, no deberíamos haberlo hecho, nos habríamos quitado discusiones, peleas, cabreos y llantos de terceros. Comederos de cabeza, en definitiva.

Diría que me arrepiento de lo del jueves por la noche, pero no es así. Si es cierto que quizá no debí haber insistido tanto.
No se me olvida el "no es el momento ni el lugar, todavía soy tu profesora". ¿Lo será algún día? ¿Puedo tomármelo como que sí? Joder, ojalá.
Tampoco puedo olvidar todo lo que me dijiste la mañana siguiente mientras bebíamos coca cola zero porque la light tiene un e-aditivo cancerígeno y tú decías que necesitaba algo con cafeína para soportar el más de un día que llevaba sin dormir.

Lo que más me gusta es que me sigues tratando igual te cuente lo que te cuente, pase lo que pase. Eres jodidamente genial.
Ya no eres mi profesora, se elimina el vernos en clase o en el instituto, pero espero que sigamos esperando el bus juntas muchas veces más.

Mil veces más correría a abrazarte como aquella mañana en la que al saber que estabas mal, solo transcurrieron nueve minutos entre que salí de la cama y estaba abrazándote.

¡Qué jodido va a ser el verano! Después de acostumbrarme a verte mil veces cada día va a ser durísimo no verte ni una.
Aún así sé que vas a seguir ahí, al igual que yo para ti. Es genial saber que tienes a alguien que no se va a ir. 

Y después de repetir mil veces 'mil veces' a lo largo de la entrada dejo claro que el uno que le falta a ese mil para hacer honor al título se lo reservo a ese momento que tanto deseo que llegue, porque como decía la canción que me cantaste antes de irte, lo guardaré.




Excelsior.
Always.


domingo, 14 de mayo de 2017

SUPUESTOS

Supongo que acabará, que al igual que un día me levanté queriéndote, otro me levantaré diciendo ya no más, y se habrá acabado.
Espero dejar algún día de querer que me abraces, de recorrer los pasillos con la esperanza de cruzarme contigo o de ponerme nerviosa cada vez que te veo.
Supongo que a más de uno le habrá pasado: soñar y querer al despertar, y también que con el tiempo se les habrá pasado y cansados de la imposibilidad de realización del sueño lo habrán destinado al olvido.

El primero de los tantos abrazos con que contamos en solo una semana fue extraño y realmente ni lo esperaba ni lo buscaba. 
Fue tan radical el pasar de ignorarte e incluso caerme algo mal a quererte y que seas el ombligo de mi mundo, que aún me descoloca.

Qué irónico quererte.

Aún sabiendo que no es real, que todo es producto de un sueño, no puedo evitar incluirlo en mi realidad, crearme una jodida película y otorgarte el papel principal.

Hacía tiempo que no sentía el cosquilleo y últimamente lo siento tanto como siento que esto no es más que fantasía.

Fantasía que se torna realidad factible con esos abrazos tan jodidamente célicos en los que pondría en práctica el eterno retorno de Nietzsche sin pensarlo dos veces.
Me hacen tan feliz que me doy el lujo de imaginar un poco de real en toda la historia aunque inmediatamente desaparezca y vuelva a caer en el pesimismo de quien desea un imposible.

Sé que he superado el límite cuando cualquier 'N' es identificada contigo tanto por mí como por mis amigas o cuando subo una foto y seis comentarios son enes puestas por ellas.

No te apartas de mi mente ni un puto segundo, joder. O no te vas o yo no quiero echarte.

Cantar la cación que lleva tu nombre por título indefinidamente y que todas mis amigas la canten también.
Que digas que me gusta chincharte, intercambiar una mirada con mi amiga y comenzar a reírnos porque sabe que me gustas y tú no tienes ni idea, que me digas que me vas a echar de menos o que qué bonita soy aunque sea mentira, perder clase por quedarme hablando contigo mientras juego con el cordón de tu chaqueta, que te rías de mí porque tengo aracnofobia y me ha picado una araña, estar entrando a clase, que me hagas cualquier tontería y que se escuche un 'qué feeling' de fondo.
Que nos abracemos diez veces seguidas antes de que nos separe el fin de semana, sin porqué ni razón alguna.
Momentos que me alientan a seguir.

Hace solo una semana desde que el subconsciente me traicionó y ha bastado para imaginar miles de posibles escenarios y actuaciones para nosotras dos, deseando a cada instante que se tornen realidad.

Hoy me he superado, solo sabiendo tu nombre y el pueblo en el que vives te he encontrado en una red social que me ha mostrado doscientas fotos tuyas y tu primer apellido, a partir de él te he encontrado en otra y luego una búsqueda en Google me ha proporcionado tu segundo apellido y tu perfil en otras dos redes, además del título de tu TFG y el nombre de tu evaluador.
Asusta. Cuando a partir de dos simples datos obtienes toda la información que querías sobre una persona te haces a la idea de lo vulnerables que somos.
Nunca había sentido ese abismo, el abismo de la vulnerabilidad. Cualquiera que sepa solo mi nombre y el lugar donde vivo puede encontrar todo lo que hay en los servidores sobre mí, al igual que he hecho yo hoy contigo.

Todos saben que eres mi crush, o amor platónico tradicionalmente. Por eso he dicho que no esperaba ni el primero de tus abrazos, porque de un amor de este tipo no esperas nada, desde el comienzo sabes que está destinado a no ser. Te quedas queriendo muchísimo sin esperar que se te quiera nada. Das sin esperar recibir. 

Sin embargo yo he recibido. O rompes la regla alejándote de la definición de amor platónico o quizá no significa nada y es otra falsa ilusión más entre tantas.

Me das pie, pie a pensar que hay posibilidades, provocando así la aparición del eterno bucle en el que de tener esperanza en que podrá ser paso a la certeza de que no será y viceversa.



Aún así, permíteme pensar que aunque improbable, no es imposible.


sábado, 6 de mayo de 2017

SOÑARTE

Uff, buah, pff o cualquier onomatopeya que se asemeje a un suspiro es la única manera adecuada de empezar hoy.
Y es que suspirando me has dejado cuando te has esfumado sin previo aviso; y ojalá hubieras estado realmente siquiera unos minutos, pero que va.

Te juro que lo he intentado, he intentado volver a dormirme y no sé si lo he conseguido o no, pero lo único que sé es que ya no estabas ahí.
Anoche no me dormí pensándote (creo), de hecho nunca he querido soñarte ni te he prestado mucha atención, pero joder, maldito subconsciente.

Me has desordenado el día y quién sabe si la vida (espero que no). Daría millones porque el jodido sueño se hiciese realidad. Absolutamente perfecto, tan célico que has traído de vuelta el mariposario. Y tú, ¿qué decir de ti? Nunca hubiera imaginado ni mucho menos querido verte como te veo ahora, porque me asusta, me aterra que dure esta sensación y aún más que se intensifique cuando te vea el par de horas que quedan para no volverte a ver ni a saber de ti jamás. Necesito conseguir algún dato tuyo y aferrarme a él para buscarte después.

Mierda. Tengo que dejarlo pasar, olvidarlo, ni siquiera sé si perteneces a mi mundo aunque cegada por el sueño sea lo que más deseo además de que te fijes en mí. No puede ser, he de asumirlo.

Lo odio. Odio soñar con alguien y que sea tan genial que al día siguiente sea el centro de mi vida, sentir tantas cosas y hasta ser capaz de hacer una locura.
Es lo que hoy me pasa contigo, no logro sacarte de mi cabeza, ni un puto segundo. Es pensar en ti y sentir las mariposas batiendo las alas.
A pesar de que hace unos días dije lo contrario, hoy me encantas.
Me encantas ruborizada al cien por cien, seria conmigo, cuando hablas con firmeza sintiéndote segura, cuando no te dejo pasar y al rato vienes y me coges por detrás, en patinete o en bicicleta. De todas las formas.

Ojalá.

Ojalá dejar a un lado el sueño y que aunque sea un tercio del mismo se haga realidad.
No puedo, no puedo dejar de pensarte, de pensarlo, de desearte ni de desearlo.
Y tampoco puedo seguir así. Si no puedes estar en mi realidad de la forma en la que quiero prefiero olvidarlo, olvidarte.

Espero que sea como el resto de veces, un sentimiento pasajero fruto de un sueño revolucionario.
Que pasen un par de días, que salgas de mi cráneo y que todo siga como hasta ahora.

Sin embargo me miento, porque lo que de verdad deseo es que seas de mi mundo y que estés conmigo.
Pero viviendo el negativismo, sé que es imposible.


Hoy te quiero, espero que mañana no.




Por favor, sal de ahí.




PD: me he descargado hasta tu película favorita, es preocupante.