Mil y un momentos contamos ya, capicúa como a ti te gusta.
Me resulta tan lejano cuando me diste tu número de telefóno en aquel bar contando aquella historia para que se me quedara fácilmente que parece que ha transcurrido una eternidad.
Me resulta tan lejano cuando me diste tu número de telefóno en aquel bar contando aquella historia para que se me quedara fácilmente que parece que ha transcurrido una eternidad.
Han sido días, dos semanas ya, de vernos mil veces en cada período de veinticuatro horas. Que si a las 7:30 (haciéndome hacer lo que no he hecho ni por un examen, madrugar) antes de entrar al instituto, que si en clase, que si en la parada de autobús, que si por la tarde.
He esperado el autobús más veces en estas dos semanas que en toda mi vida y, sin embargo, no me he subido ni una. Cruzábamos los dedos porque no llegase nunca, ¡joder!, cuanto más tiempo a tu lado mejor. Maldito 226.
Me encanta que te fijes en cada uno de mis detalles, que me digas que "sé cosas" y que que te gusto porque no soy normal, y sobretodo que confíes en mí a pesar de haber metido un poco la pata al principio.
Me gusta que tengas una canción para cada momento, que sepas cuál es mi favorita y por qué y que yo igual con la tuya, que me tengas consentida, que me abraces en medio de la calle mientras no paras de repetir que soy bonita, aunque sepa que no es así.
Me flipa hablar contigo sobre cualquier cosa, que me cuentes por qué besamos, que me leas, que nos demos mil veces las buenas noches y no nos vayamos, que quites los datos, que calces un 37.5, que pares inmediatamente la alarma, que seas tan yo.
Jamás olvidaré aquella mañana: cómo tan inocente bajé a la puerta a las 7:30, cómo me encantó cuando me dijiste que el regalo era para mí, el abrazo de después.
No sé cuantas veces he leído la dedicatoria ni mucho menos cuántas te he dicho ya que te quiero, fucking crush, y tú me has respondido que tú a mí también (aunque dudo que de la misma forma).
Sabes tanto de mí ya que me asusta, pero no importa, me gusta contarte cosas.
Cómo olvidar aquella tarde en la que insististe en que te contara por qué no me gustaba que le dieses abrazos a más alumnxs antes de decirme que en clase todxs éramos iguales aunque fuera fuese diferente.
Cómo olvidar aquella tarde en la que insististe en que te contara por qué no me gustaba que le dieses abrazos a más alumnxs antes de decirme que en clase todxs éramos iguales aunque fuera fuese diferente.
Al final no te lo conté, pero ya lo sabías, me lo confesaste, sólo querías escucharlo salir por mi boca. Me dijiste que siempre ganaba, yo te dije que había excepciones y efectivamente, ¡cuánto lloré aquella noche!, a pesar de que me repetías, incansable, que no estaba perdiendo nada.
Incontables veces he mirado de cerca esos malditos ojos verdes y no puedo sacar de mi cabeza una especie de gif en el que sus pupilas se agrandan y reducen en bucle.
Me puede que te acuerdes de cualquier detalle y a ti que yo también lo haga.
Es jodido lo de que sea un secreto a voces; pero no puede ser de otra forma, y te entiendo.
Fue una cagada lo de las fotos, no deberíamos haberlo hecho, nos habríamos quitado discusiones, peleas, cabreos y llantos de terceros. Comederos de cabeza, en definitiva.
Diría que me arrepiento de lo del jueves por la noche, pero no es así. Si es cierto que quizá no debí haber insistido tanto.
No se me olvida el "no es el momento ni el lugar, todavía soy tu profesora". ¿Lo será algún día? ¿Puedo tomármelo como que sí? Joder, ojalá.
No se me olvida el "no es el momento ni el lugar, todavía soy tu profesora". ¿Lo será algún día? ¿Puedo tomármelo como que sí? Joder, ojalá.
Tampoco puedo olvidar todo lo que me dijiste la mañana siguiente mientras bebíamos coca cola zero porque la light tiene un e-aditivo cancerígeno y tú decías que necesitaba algo con cafeína para soportar el más de un día que llevaba sin dormir.
Lo que más me gusta es que me sigues tratando igual te cuente lo que te cuente, pase lo que pase. Eres jodidamente genial.
Ya no eres mi profesora, se elimina el vernos en clase o en el instituto, pero espero que sigamos esperando el bus juntas muchas veces más.
Ya no eres mi profesora, se elimina el vernos en clase o en el instituto, pero espero que sigamos esperando el bus juntas muchas veces más.
Mil veces más correría a abrazarte como aquella mañana en la que al saber que estabas mal, solo transcurrieron nueve minutos entre que salí de la cama y estaba abrazándote.
¡Qué jodido va a ser el verano! Después de acostumbrarme a verte mil veces cada día va a ser durísimo no verte ni una.
Aún así sé que vas a seguir ahí, al igual que yo para ti. Es genial saber que tienes a alguien que no se va a ir.
Aún así sé que vas a seguir ahí, al igual que yo para ti. Es genial saber que tienes a alguien que no se va a ir.
Y después de repetir mil veces 'mil veces' a lo largo de la entrada dejo claro que el uno que le falta a ese mil para hacer honor al título se lo reservo a ese momento que tanto deseo que llegue, porque como decía la canción que me cantaste antes de irte, lo guardaré.

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