martes, 27 de junio de 2017

CONFESIONES

Hacía mucho tiempo. Diez días.
Puede parecer que no es tanto pero si que lo es, diez días son mucho tiempo cuando cada hora cuenta por dos o cada minuto por tres.
Y es que he vuelto a odiar la relatividad del tiempo porque no es justo, no es justo que estando contigo las agujas del reloj se desplacen el triple de rápido que estando sin ti.
Pero, ¿qué más da? por mucho que la odie no va a cambiar nada, las horas seguirán consumiéndose vertiginosamente a tu lado.
Además de más odio para la distancia, culpable de que no podamos estar juntas todo lo que nos gustaría, tengo la teoría de que odia las parejas porque mientras pensamos en dos ella siempre piensa en tres y creo que es una egoísta porque quiere formar parte de muchas a la vez.
Aún así, tú dices que nos ayudará a fortalecer lo nuestro, y sí o sí será así porque es lo único positivo dentro de lo negativo que supone la misma.

Odio no haber entrado a medicina ni en Granada ni probablemente en ninguna parte de Andalucía pero a la vez le estoy agradecida porque aunque me tenga que ir muy lejos y doña distancia cobre aún más importancia en nuestra relación fue lo que te hizo darte cuenta de que me querías de verdad.
Odio que llorases por mí, porque me iba y odio ser una fracasada y que lo niegues.
Ojalá hubiese estudiado más, fui una estúpida y no me voy a engañar, odio la distancia al doscientos por cien y realmente no la necesitamos para fortalecer lo nuestro, es un simple consuelo cuando sí o sí se encuentra entre nosotras.

Aparentemente solo tengo odio para todo pero de alguna manera tengo que equilibrar la balanza, característica de mi signo, gravemente descompensada por toda la cantidad de amor que estás generando, y es que joder, te quiero muchísimo.
Eres mi personificación de los conceptos de amor y querer y agradezco al destino que te haya puesto en mi camino.

Y sí, después de diez días volví a verte. Viniste incluso a esperarme a la estación. Te echaba mucho de menos.
Al principio mirábamos el reloj y nos alegrábamos de todas las horas juntas que teníamos por delante pero finalmente se consumieron más rápidamente incluso que el resto de veces.
Aún así fue genial, cada día contigo es incluido automáticamente en la lista imaginaria de los mejores días de mi vida.
Primero fuimos a hacer mis supuestas gestiones que finalmente no he necesitado para nada y que fueron una mera excusa para que mi señora madre me dejase bajar a Granada. Acabamos pronto, por lo que teníamos mucho tiempo para estar juntas.

Quisite llevarme a tu sitio favorito de nuestra capital pero estaba cerrado y aunque me hubiera encantado quedarnos allí, el destino y tu deseo de estar un rato tranquilas a solas nos llevaron a una tetería que hemos acabado bautizando como "nuestro nido de amor".
Era genial, el decorado árabe que nos vuelve locas a ambas, los estampados de los cojines, las numerosas lámparas de cristales coloridos que colgaban del techo y la música que invadía el ambiente. Elegimos el rincón más al fondo simplemente porque poseía las dos únicas mesas que no estaban cubiertas con el mantel y los cubiertos típicos de cualquier restaurante que se encuentra a la espera de la llegada de clientes hambrientos.
Acertada elección la de aquel sitio, pues nos permitió satisfacer a la vez lo que tú llamas nuestras dos mitades. Estando en el clima árabe que embriagaba todo el local no podíamos olvidar que nos encontrábamos en Granada al tener un cuadro de la maravillosa Alhambra en frente.
En la misma pared había otro cuadro, un decorado árabe que al llamar tu atención nos permitió descubrir que al igual que el resto de decorados del lugar, había sido hecho por un amigo del camarero y al que yo me dediqué a buscar imperfecciones en su aparente simetría radial.

Pedimos batidos; dos distintos con el objetivo de probar el doble y el agua de Azahar de uno de ellos te fascinó.
Hablamos mucho, sobre todo, y me encanta, me encanta hablar contigo porque nunca hay silencios incómodos.
También me encanta tu sonrisa y que te rías con mi payasadas así como que sepas analizar las expresiones, es algo que me vuelve loca.
Eres genial, mi chica Targaryen, y tengo una infinita suerte de estar contigo.
Empecé viendo una película por ti, a fin de conocer el significado del tatuaje que tenías y que ahora también llevo yo, y a día de hoy ya veo series de mil temporadas.

Conseguí animarte a pedir una cachimba y aunque incialmente aseguraste que me la iba a fumar yo sola, no fue así ni mucho menos. Cereza. Buena deducción por tu parte.
Era de color verde, tu favorito y te encantaba cuando me salían bien los aros con el humo.
Usaste una frase muy famosa: "no hay nada más sensual que el humo saliendo de los labios de una mujer" y te gustaba verlo salir despacio de los míos.
De incontables besos son ya testigos nuestros labios. Y declaro que besarte es incluso más adictivo que el tabaco. Me alegro de que que ese martes trece decidieses improvisadamente o no darme el primero, al que bautizamos como "incentivo" y que inició la larga línea sucesoria.
Me encanta abrir los ojos y que tú los tengas cerrados, que me digas que no los abra, que ya no te explote la cabeza cuando me besas y me encanta que te encante mi labio inferior.

Fui al baño después de unas cuantas idas por tu parte y me decepcionó un poco al no gozar del maravilloso decorado reinante en el resto del local.
Al salir habías descubierto lo que podemos llamar la mayor casualidad de todos los tiempos. Me incitaste a observar detenidamente el tubo de la cachimba mientras asegurabas que en cuanto descubriese lo que había me lo iba a querer llevar. Yo un poco confusa pensé que no podía haber nada tan sorprendente que fuese capaz de crear en mí el deseo de poseer ese tubo, y entonces lo vi, una 'N' grabada en la parte inferior. Con solamente eso se hubiera desatado en mi ese afán de posesión pero había más, era darle la vuelta y en la cara opuesta había una 'A'.
Eran nuestras iniciales, una combinación entre las setecientas veintinueve posibilidades que se pueden obtener al coger las veintisiete letras del abecedario de dos en dos.
La probabilidad de que las dos letras que estubiesen allí fuesen la 'N' y la 'A' era del 0.1371742112% y sin embargo, allí estaban.
El deseo de tener esa cachimba era irrefrenable y preguntar al camarero si nos la podíamos llevar o si estaba en venta fue inmediato.
Finalmente nos tuvimos que conformar con una foto de cada cara del tubo y la promesa de tener la misma cachimba cada vez que fuesemos allí, porque desde ese momento estuvo claro que íbamos a volver.

Y así, entre batidos, humo, agua, besos, enes y aes pasaron las horas, y no las pudimos retener.
Fue genial estar allí contigo, es genial estar contigo sea donde sea.
Después del segundo carbón, cortesía del camarero, tuvimos que irnos porque pronto sería la hora de salida de mi bus.

Tras un intento fallido en el Burguer King acabamos comiendo en el Mc Donalds siendo esta la tercera traición a lo que catalogamos como "tus principios", habiendo sido la primera besarme y la segunda fumar, aunque fuese cachimba.
Me encanta romper las reglas o hacer que las rompas tú.
Tuvimos que comer rápido aunque ya habíamos comprado el billete y la alegría de estar a tu lado horas antes se tornó en miles de "¡Mierda! No me quiero ir" aún a sabiendas de que era inevitable tener que hacerlo. Era real el deseo de que se me escapase el bus por "accidente" o que simplemente no funcionase y no pudiese ser sustituido. Ojalá no tener que irme nunca de tu lado pero de nuevo había que darle la malavenida a la distancia y a mi irónicamente maravillosa minoría de edad que nos impedía tantas cosas.

A diferencia de la última vez que viniste conmigo a la estación, esta si que te quedaste hasta que el bus se fue, incluso una vez dentro pude verte por la ventanilla y desear bajarme en cada "te quiero" que salía de tus labios a los que tenía que leer porque no podíamos oirnos.

Te abracé muy fuerte en un intento de retenernos pero joder como me duele no tenerte ahora mismo a mi lado. 
Te echo muchísimo de menos, y puedes decir que solo ha pasado un día pero ya te estaba echando muchísimo de menos desde el primer segundo que transcurrió al de dejar de verte a través de ese maldito cristal.

Pero seamos positivas, como tú dices siempre, nos veremos pronto y los días de por medio entre una vez y otra solo servirán para aumentarnos las ganas.

Me siento muy afortunada de tenerte en mi vida y hoy puedo afirmar la veracidad de la frase que usé al inicio de mi enamoramiento como motivación para seguir intentándolo: "No hay imposibles, solo improbables".

Y aquí estás. Y aquí estamos.



sábado, 17 de junio de 2017

NOCHES

Joder, es tan fascinante cómo un sueño puede convertirse en realidad de un día a otro que hasta asusta.
Cómo el límite entre lo supuestamente imposible y la realidad puede ser transpasado en solo un instante.

Después de un par de semanas pasando prácticamente todos los días juntas, ocurrió.
Fueron semanas de hacerme la comida, de ganarte apuestas, de hincharnos a comer y a abrazos, de tener kilos de más de amor, de hablar indefinidamente, de traerte tus caramelos favoritos y que te encanten o de matarte a cosquillas y a bocados.
Las mismas que han sido culpables de que ambas tengamos que ir a septiembre, yo con selectividad y tú con el TFM.
Me prometiste que si entraba en medicina me besarías pero ante el panorama de fracaso presente hicimos un amago de olvidarlo.
Un par de días de llanto y 'bah, ¿cuándo nos vemos? Si de todas formas ya vamos a septiembre'.

Martes trece, nunca olvidaré esa noche. Tu forma de mirarme cada segundo y tus abrazos constantes en medio de la calle. Cómo te gustaba picarme e intimidarme sabiendo que ahora que te quiero no puedo soportarlo y cómo me gustaba a mí darte bocados y hacerte la fuente lacerta. 
Era raro, lo noté y efectivamente el jueves noche o la madrugada del viernes (relatividad del tiempo) me lo confesaste.

Bajo promesa de un incentivo, tras un par de cobras y después de jurar y perjurar que no iba a volver a intentar besarte, me besaste tú. Un poco, por no decir bastante sorprendida fui consciente de que prácticamente lo había conseguido.
Dos segundos y estaba ahí, maldito 226. Menos esperada aún que la primera, nuestros labios se fundieron otra vez. Y te fuiste, y te llamé platónica, me dijiste que podía ir quitando ese término, y fui consciente. Me había besado mi amor platónico.

La noche siguiente me llamaste para decirme sin rodeos que llevabas toda la semana intentando insinuarme que me quedara en tu casa el jueves porque querías darme la sorpresa de ir a ver las estrellas, pero que yo no lo pillaba.
Te dije que sí y rechacé el resto de planes. 

A las tres de la tarde estábamos en la feria comiendo de gratis y bebiéndonos hasta el agua de los floreros. A las siete estabas pidiendo en la sala que pusieran nuestra canción. A las doce, tú semi sobria y yo hiper ebria, dijiste que nos íbamos. Tras la dura travesía haciendo ochos hasta el coche, condujiste hasta tu casa de campo. Consciente de mi mal estado no fuimos al monte, simplemente tras el tour tourístico hogareño salimos al balcón y me nombraste cada una de las estrellas que se veían así como me explicaste cómo distinguir las estrellas azules por su tintineo.
Me abrazaste y sin saber cómo ni por qué me besaste. El siguiente corrió de mi cuenta y tras soltarte un 'anda, pero si no me has hecho la cobra' te echaste las manos a la cabeza y repetiste insaciable 'mierda, mierda, mierda, es verdad'. Te rayaste muchísimo pero no podías parar de besarme.
Entonces dijiste 'no, no, no, a mí no me gustan las mujeres, a mí me gustas tú' y me sentí realizada. Ahora aún más al saber que soy la única mujer con quien has sentido algo superior a una amistad hasta el punto de besarme. En tus propias palabras, 'La gran excepción'.
'Yo nunca me habría imaginado poder llegar a sentir algo así por alguien de mi mismo sexo'.
'Me reía de quien decía que era heterosexual pero se había enamorado solo de una chica pero joder, ahora lo entiendo'.
'Te confieso que el martes fui consciente de que quería besarte y joder, menudo atentado contra mis principios. Estábamos tan cerca que mi mente iba a explotar'. 

Fue gracioso, era un mundo para ti y me encantó observar tus reacciones en cadena. Pánico y sorpresa en estado puro.

Me preguntaste si podías dormir conmigo y obviamente era lo que queríamos ambas. Bendita noche de cosquillas y besos infinitos. 

Juro que abrir los ojos, verte abrazándome y que me beses no tiene precio.
Que jodidas van a ser las noches sin ti. Y
qué no daría por repetir esa noche. A saber cuando nos vemos otra vez pero espero que lo que sea que tengamos no se acabe. Nunca. Es genial.

Recuerdo tu pregunta de '¿Cómo te sientes al conseguir lo que querías?' y mi respuesta de 'Triunfadora'. 

Es asombroso lo real de la expresión 'No hay imposibles, solo improbables' y cómo se puede degradar la idea de amor platónico haciéndola descender a lo terreno al convertirlo en amor real. Cómo algo que aparentemente no ocurriría nunca acaba pasando.

Es jodido echarte de menos cada segundo y necesitar esos besos tan ansiados, y adelantados a la supuesta promesa.
Joder, ya no estás.

Ahora me toca soñarte, como el primer día. Ojalá verte otra vez a mi lado al abrir los ojos.