Has aguantado bastante, contra todo pronóstico has sido capaz de estar 24 días enteros sin escribirme un mensaje.
No pensaba que fueses capaz de aguantar tanto pero felicidades, me has sorprendido.
Al principio me dio igual, no dedicaba ni un segundo del día a pensarte, estaba muy ocupada viviendo de nuevo la libertad al máximo pero de repente te cruzaste por mi cabeza.
Me arriesgo a decir que fue el día 18, los conté, y algo se me rompió dentro. Había pasado tiempo, no demasiado, pero suficiente, ¿acaso ya no era yo quien ocupaba tus pensamientos? ¿me habrías superado al fin? ¿olvidado quizá?
Basta con repetir una acción durante 21 días para que se convierta en un hábito. 3 días más y habrías consolidado el hábito de no escribirme.
Yo no iba hacerlo, podría, pero no quise. Me negué a ser yo quien escribiese primero, y sospecho que tú sabías que no lo haría, demasiado orgullosa.
Aún así era consciente de que me hubiera bastado con enviarte uno, diciéndote que te quería, que quería que volvieses, fuese verdad o mentira, para volver a tenerte en la palma de mi mano.
No lo hice, por ti, me negué a utilizarte, a volver a darte falsas ilusiones, a desordenarte otra vez la vida, y el corazón.
Desde ese día fuiste tú la que no salía de mi cabeza, el no haberte pensado ni una vez en 18 días se convirtió en pensarte 18 veces a la hora; el no haber mirado tu foto y tu estado ni tres veces, se transformó en mirarlo tres veces al día.
A pesar de ello no te escribí, supe que realmente no te echaba de menos, simplemente me sentía sola y a la vez sorprendida de todo lo que estabas aguantando sin mí. Batías récord, las otras cayeron antes, pasé tardes y noches con ellas, pero tú resistías.
Diecinueve, veinte, veintiuno. No vas a volver, ya tendrás una "nueva vida" y seré parte de tu pasado. Veintidós. Me conviene hablarte, pero no lo haré, no quiero utilizarte, me niego a caer tan bajo. Veintitrés. Bah, ya da igual. Veinticuatro. Estoy ocupada, no pensándote.
16:22. Un mensaje tuyo. Por un momento sentí estar en el pasado, páginas atrás, cuando éramos. Volví de golpe al presente y tras intercambiar varios mensajes de drama, lo solté, como lo suelto todo últimamente, sin pensarlo mucho y tal como me pasa por la cabeza. Te dije que sabía que habías usado ese mensaje como excusa para hablarme y te felicité por haber aguantado tanto, confesándote que me sorprendía y que había estado pensándote últimamente. De nuevo me lo pusiste en bandeja, me admitiste que me habías estado echando de menos y pensando muchísimo y que cuando circulabas en el coche, nuestro coche, no podías evitar mirar alternativamente ambas aceras por si casualmente me veías caminar.
Mensaje recibido, ya he perdido el interés. Debiste aguantar más aún, volverte inalcanzable para mí, hacerme esperar cada día un mensaje que nunca llegase, permanecer de ese modo en mi cabeza, haciéndome inevitable el pensarte.
Ser difícil, al fin y al cabo, como a mí me gustan las cosas. Hacerme luchar, luchar y luchar y no conseguirte, resistirte más y más, ponerme a mí en tu palma y no al contrario.
Pero no, vuelvo a tenerte en bandeja y pierdo el interés. Odio querer lo que no tengo y al conseguirlo dejar de quererlo.
Ni contigo, ni sin ti.
No hay comentarios:
Publicar un comentario