Vivo, con el tiempo parado si es contigo.
Todo parece regirse por límites, más o menos difusos pero límites al fin y al cabo.
El lugar donde acaba la arena y comienza el agua salada, o la enorme línea recta que constituye el horizonte en que el cielo aparenta conectar con el mar, origen de la creencia sostenida durante siglos de que la Tierra era plana.
A veces es necesario observar las cosas desde la lejanía para poder comprenderlas mejor. Mirando el horizonte desde mi perspectiva (sentada en una esterilla roja, propaganda de Lays, sobre la arena de una playa mediterránea mientras una gran masa de nubes densas cubren al sol) el agua verdosa oscura forma una gran línea recta al limitar con el cielo grisáceo, lo que me lleva a afirmar solemnemente que mis observaciones confirman la planitud de nuestro planeta. Sin embargo, basta con unas imágenes de cualquier satélite que orbita en nuestra bóveda para refutar mi falsa creencia y mostrarme la verdadera forma del cuerpo celeste, una gran esfera imperfecta ligeramente achatada.
Todo cambia dependiendo del sistema de referencia, todo es relativo incluso el tiempo y el espacio, si no, ¿cómo explicar que estando con alguien que quieres una hora parezca solo unos minutos mientras que una aburrida clase que dure los mismos tres mil seiscientos segundos se convierta en una eternidad?, o ¿cómo explicar que yendo en un coche a 100km/h veas pasar por la ventanilla árboles y edificios sintiendo haber recorrido un gran espacio mientras que si a tu lado va otro coche a la misma velocidad y pase el tiempo que pase miras por la ventanilla y sigue ahí te da la sensación de no haber avanzado en absoluto?
Desde fuera, sin estar implicado, los problemas se ven más fáciles y no afectan emocionalmente cuando desde dentro todo parece mayor de lo que es llegando a ver una montaña de lo que es realmente un simple grano de arena. Es necesario poner distancia y obsevar, analizar, pensar y entonces, actuar.
Estoy viviendo un continuo ojalá lleno de sueños por cumplir y de deseos irrealizables, tratando de aprender de absolutamente cualquier experiencia e intentado ver siempre el lado bueno de de las cosas.
A veces es duro y todo es negro pero es necesario buscar los demás colores de la gama perceptible por el ojo humano que van desde el rojo al violeta y que al girar todos juntos en una ruleta dan lugar al blanco. Digamos así que el negro es la ausencia de color y el blanco la combinación de todos los colores. Busco pues llenar mi vida de blanco y abandonar así la monotonía en la que a veces me sumerjo.
Comienzan a caer gotas de H2O provenientes de esas nubes que cubren el cielo y aparecen nuevos límites, como el que queda en la arena al caer una gota y mojar solo unos granos que forman un círculo más o menos perfecto en función de las ondas del terreno provocadas por las incesantes pisadas de niños y mayores quedando el resto secos.
Aparece un leve arcoiris que se intensifica progresivamente conteniendo los sietes colores principales de la gama (rojo, naranja, amarillo, verde, azul, añil u morado) y que me niego a catalogar como una simple ilusión óptica provocada por el cruce de los rayos solares con las gotas de lluvia a fin de no quitar magia y espectacularidad a este momento.
Finalmente las nubes se desvanecen y sale el sol que se pone al rato y el tiempo vuelve a ser el típico de los días veraniegos, cayendo de nuevo en la monotonía.
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