sábado, 1 de octubre de 2016

VACÍO

Vacío. La nada rodea cada parte de mi cuerpo mientras contradigo a Parménides al afirmar su existencia. Deseo que sea una mera invención de mis sentidos, legitimizando a la razón.

Sobresaltada separo los párpados con brusquedad tras sentir una caída interminable y el vacío deja de rodearme para introducirse en mi estómago y convertirse en un ocupa sin contrato de alquiler. Odio sentir su presencia en cada acto, momento y lugar, eclipsando al resto de sentimientos y emociones.

Una necesidad continua de soledad me persigue a lo largo de los días llenos de gente, palabras y te quieros incesantes que me agobian. Escapa a mi capacidad de entendimiento su incapacidad de comprender que quiero estar alejada de todo y todos durante un tiempo, sin ataduras ni vínculos.

"Estoy sola, luego pienso" como sustituyente de "Pienso, luego existo". Amando la soledad por permitirme buscar la salida de ese laberinto que habita en mi cabeza, dejándome analizarlo todo sin cuestionamientos ni reproches y dándome la libertad de plasmar lo que quiera en el papel, o en el teclado, ahora.

Asombrosa capacidad que posee mi cerebro la de cambiar de un sentimiento a otro en unos minutos, sin previsión ni alerta, llegando a alternar incluso los más contrarios; bipolaridad lo llaman. Irritabilidad constante con ciertos conjuntos cuerpo-alma por su tendencia a estresar al mío. Impulsos que rigen mi camino hacia la decadencia, y de nuevo, vacío.

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