Comencé a caminar. Iba a verte de nuevo.
Como en las últimas veces, habíamos quedado únicamente por tu insistencia en que tenías algo que darme.
Me sentía comprada pero yo también quería sorprenderte así que compré cosas que sabía que te encantarían y papel de regalo, el más bonito que había, y lo envolví todo antes de salir.
No quise coger el bus así que recorrí a pie media Granada.
Llegué.
Te esperé. Me asustaste al aparecer. Odio esperar y no saber por donde vendrá quien espero, y efectivamente así pasó, esperé mirando hacia la derecha y me sorprendiste por la izquierda.
Fuimos a tu piso y me lo enseñaste, sin dejar de lado las indirectas en cada instante de la conversación.
Te di el regalo, te sorprendiste mucho, lo abriste y lloraste. Me sentí mal, esta era la segunda vez que te veía llorar, siendo la primera cuando te dejé.
Pasaron las horas y tenías que ir a trabajar. Yo aún tenía tiempo así que te acompañé.
Y joder, estabas tan jodidamente preciosa trabajando de camarera que a bocajarro se introdujo en mi cabeza un deseo irrefrenable de volver a besarte.
Habían pasado meses desde la última vez, estabas conociendo a otra chica, habías besado a otras, yo también; no estaba segura de si me seguirías.
No podía apartarlo de mi mente, estaba comiéndome unos nachos con queso cortesía de la camarera y me resultaba imposible retirar los ojos de ti.
Llegó tu jefa, notó algo extraño, y en breves me echaría si no me iba yo misma.
Aproveché unos minutos en los que bajó a por cerveza para despedirme de ti y ¡zas!, tus labios volvieron a derretirse en los míos.
Me fui. Cuando llevaba recorrida la mitad de la calle saliste y me gritaste "capulla" sonriendo. Te miré y sin decir nada seguí mi camino. Te dejé con ganas de más, como siempre, innagotable.
Te quedaste paralizada. Quizá si que sea una capulla, es cierto, volví a romperte los esquemas, estaba de vuelta en tu cabeza, enredé aún más los cables.
Lástima, es lo que hay.
No entendías por qué siempre acabábamos besándonos pero es obvio, tal cual te lo dije, nos seguíamos gustando a pesar de todo.
Me atrevería a asegurar que si te digo que te quiero vuelves a dejarlo todo por mí, pero no quiero volver a hacerte daño y yo no puedo asegurarte nada con futuro.
Te odio cada vez que recuerdo lo que me hiciste, el mayor error, quizá por lo que lo nuestro no funcionó.
Te amo cada vez que nos fundimos en un beso.
Te odio cada vez que discutimos.
Te amo cada vez que te veo.
Te odio cuando no me entiendes y te pones en mi contra.
Te amo cuando sigo siendo lo sufieciente en tu vida como para que me regales algo.
Te odio cuando piensas mal de mí.
Te amo cada vez que leo tus cartas.
Te odio cuando besas a otras.
Te amo cuando me mandas canciones que vienen a decir que no puedes olvidarme y que nunca lo harás.
Te odio cuando finges que ya no te importo.
Te amo cuando vuelves a mí.
Te [am{o]dio}.
No hay comentarios:
Publicar un comentario